viernes, 06 de mayo de 2005
José A. Alemán (www.canariasahora.com)

Soria salió del consejo de la Autoridad Portuaria con el rabo mayormente desollado y entre patas. Sólo los cinco consejeros del PP, con el añadido de la alcaldesa de Arrecife, María Isabel Déniz, lo apoyaron y no pudo impedir que el consejo asumiera la nulidad del concurso de La Gran Marina. Los representantes empresariales se abstuvieron y los quince restantes votaron a favor de acatar la nulidad decretada por el Ministerio de Fomento a instancias de la Comisión Europea y previo dictamen del Consejo de Estado. No le queda a Soria sino bajarse de ahí o seguir despachando pulseritas verdes. También podría marcharse a casa, pero eso no entra en sus planes, aunque sea lo que hacen los políticos fracasados allí donde la sociedad exige comportamientos consecuentes.



Ayer fue un mal día para el macho Soria. Cabe considerar que en el consejo del Puerto se escenificó la ruptura del pacto de gobierno. Soria se considera engañado por Adán Martín, quien, asegura, le prometió que no habría votación. Dicen que el presidente pepero, al percatarse de la trampa al que lo llevaron, trató de impedir la votación porque CANARIAS AHORA RADIO -“la radio de Chavanel”, como le gusta decir- estaba retransmitiendo en directo el consejo. La leche. Precisamente él, que tantas veces ha hecho de “garganta profunda”.

El batacazo soriano de ayer hará época. Pero conviene pasar página cuanto antes. Aunque Soria, Luzardo y el PP traten de mantener viva La Gran Marina, mejor será dejarlos estar y centrarnos en lo que importa. Se ha logrado parar un disparate, sí, pero eso no cierra la posibilidad de que salga otro por el estilo y aún peor de un nuevo concurso, por muy legal que sea. Es el momento de pensar qué hacer con el istmo de Santa Catalina y el resto del frente marítimo y olvidarse de Soria y Luzardo. Ellos sabrán lo que hacen; si eligen quedar al margen de un proceso de debate necesario para establecer, de una maldita vez, qué ciudad queremos y de qué manera traducir esa aspiración a planeamientos y proyectos.

Lo digo porque, si se fijan, la ausencia de un modelo de ciudad está en el fondo de este conflicto. Es verdad que Soria y Luzardo lo han llevado de la peor manera; pero la cuestión no es su mal estilo y desprecio de la ley sino que la ausencia de ese modelo consensuado y compartido por la ciudadanía permite a cualquier iluminado o iluminada tratar de meternos sus ocurrencias y despropósitos.

Esta falta de ideas claras ha sido, desde siempre, el drama de Las Palmas de Gran Canaria con el resultado de una ciudad mal articulada urbanísticamente, lo que la hace cada vez menos vivible y más difícil de transitar. En esta ocasión, con el istmo, hemos tenido la suerte de que la ignorancia y la soberbia de los protagonistas del fiasco les llevara a sostener y no enmendar la ilegalidad, lo que ha permitido, por último, pararles las patas. Pero de haber actuado dentro de la legalidad posiblemente nos hubiéramos tenido que tragar La Gran Marina con sus marineritos o combatirla a un coste social y político mucho mayor.

Les dije que no fue ayer el mejor día del macho Soria. Por si era chica la estrellada en la Autoridad Portuaria, en Madrid llegaba CC a un acuerdo con el Gobierno central sobre la financiación. El hombre aseguraba que Zapatero estaba desviando los dineros de Canarias hacia Cataluña y ocurrió que a la misma hora que él montaba su numerito ístmico, en Madrid acordaban continuar incrementando las partidas presupuestarias de modo que en 2008 la inversión estatal en infraestructuras canarias alcance la media nacional. Los negociadores canarios consideraron satisfactorio el acuerdo y dejaron claro que en esa masa de dinero no entran las partidas destinadas a paliar los costes de insularidad como, por lo visto, pretendió en algún momento Pedro Solbes.

Soria ha quedado en pelota picada. En una misma jornada se le fue a la porra el pacto, le tumbaron el istmo granmarinado y le han puesto más difícil mantener su tesis del sablazo de Zapatero a las Islas. A ver si va a resultar que no nos odia tanto. Hay días en que uno no debería salir de casa. Soria tuvo uno ayer. Sólo le queda la paranoia. Y Larry, claro.
Publicado por ubara @ 17:30
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