Ceses, traiciones y un gran error
Justo Fernández Rodríguez
Desde que el PSOE ganó las elecciones, el 14-M, la continuidad del pacto de gobierno entre Coalición Canaria (CC) y el Partido Popular (PP), se resintió, pese a todas las manifestaciones en contra de los máximos responsables de ambos partidos.
ATI, AIC y CC se han especializado, en sus relaciones internas y externas, en lo que, popularmente se conoce como "puñalada trapera". Ahora se ha repetido lo sucedido en marzo de 1993, con el Gobierno de coalición entre las AIC y el Partido Socialista Canario (PSC). En aquella ocasión, unas horas después de que Manuel Hermoso, líder de las AIC y vicepresidente del Gobierno, ofreciera a Jerónimo Saavedra, presidente del Gobierno autónomo, toda clase de garantías de que no preparaba una moción de censura contra él, presentaba, en el Parlamento, la documentación para la moción de censura.
En esta ocasión, hora y medía después de que José Manuel Soria, presidente del PP, comunicaba a Adán Martín la aprobación de su propuesta, en la Comision Ejecutiva Regional, de mantener la estabilidad del Gobierno de coalición, el presidente del Gobierno, en un insólito alarde de firmeza, sorpresivamente, anunciaba la ruptura de la coalición y el cese de los tres consejeros del PP.
Es cierto que los consejeros del PP y el propio Soria parecían tener como principal objetivo obstaculizar las relaciones entre el Gobierno canario y el Ejecutivo central, incorporados a la estrategia global de Rajoy, Acebes y Zaplana en el ámbito estatal. Pocos dudan que Soria pertenece al núcleo duro de la derecha, refugiado en el PP y cuya única estrategia política -al margen de su cercanía, junto a José Carlos Mauricio, a importantes sectores empresariales-, era la descalificación, el desafío permanente y las acusaciones falsas como base de la confrontación y crispación, decidida en los cuarteles de Aznar, en la FAES, y asumidos por Mariano Rajoy, con mayor o menor satisfacción.
La reiteración de que Rodríguez Zapatero daba continuos "sablazos a Canarias" y "engañaba siempre" a Adán Martín y Paulino Rivero ha sido una constante en el último año en las comparecencias de Soria ante los medios de comunicación o en sus intervenciones parlamentarias. Esta estrategia del PP no convenía a los intereses de CC, que pretendía un acercamiento al Gobierno de Zapatero.
José Manuel Soria tenía su propia interpretación. "El presidente ha renunciado a defender los intereses de Canarias. Son los consejeros del PP los que defienden, alto y claro, a Canarias, frente a los desmanes y desprecios de Zapatero con el Archipiélago". "Canarias ha vuelto ha convertirse en una comunidad de tercera, a la que se ningunea en inversiones, incluso respecto a partidas presupuestarias que ya estaban aprobadas".
Según Adán Martín, la causa del cese se fundamenta en "el deterioro de la confianza" en los consejeros del PP. Paulino Rivero va un poco más lejos, achacando el conflicto a la utilización de los consejeros, por parte del PP, como arma de confrontación con el Gobierno central. Hasta Manuel Hermoso ha salido de su dorado retiro político para decir que se debería haber echado al PP "desde mucho tiempo antes", llegando a realizar comentarios inadmisibles, entre socios políticos, sobre el físico y el carácter personal de Soria.
Luis Soria, ex consejero de Industria, considera que "Mauricio tiene más poder que el propio presidente", al que acusa de tener la decisión tomada desde hacía semanas. Pablo Matos, diputado del PP en el Congreso de los Diputados, señalaba que la ruptura se producía porque CC "carece de los mínimos principios ideológicos para guiar la gestión del Gobierno". "La única razón de la ruptura es pactar con el partido que gobierna en Madrid", añadió.
La ruptura del pacto ha puesto al decubierto, en boca de José Manuel Soria, hasta dónde pueden llegar la indecencia, la falta de ética, la traición y la infamia en la política canaria, para destruir rivales políticos de la propia formación o de otra rival: "A principio de esta legislatura, José Carlos Mauricio y yo acordamos hacer lo posible para cargarnos a CC en Gran Canaria, porque había una especie de liderazgo emergente que no le convenía, lo que también beneficiaba al PP".
Y el acuerdo se cumplió con creces, aunque el único beneficiario de la conspiración fue Soria, porque, expulsada la mayoría de dirigentes y militantes de CC, según ha dicho él mismo, "los que se han quedado tienen muy poca representatividad en las instituciones".
Fue una acción dentro del más puro estilo estaliniano, en la que Mauricio pactaba con Soria la destrucción de su propio partido en Gran Canaria porque estaba en minoría. Si Adán no cesa a José Carlos Mauricio serán muchos los ciudadanos que sospechen que él mismo participó en la ignominiosa maniobra contra su propio partido.
Román Rodríguez se ha mostrado prudente: "Los intereses personales de Martín, Mauricio y Soria han estado siempre por encima de los intereses de Canarias".
Juan Manuel García Ramos, presidente del PNC, poco sorprendido por este tipo de actuaciones de CC, manifestaba que "la revelación del complot con Mauricio para desmontar CC en Gran Canaria nos demuestra que más que una organización política es un conglomerado de intereses personales".
El Partido Socialista Canario, en su deriva hacia la pérdida de sus excelentes expectativas electorales, en un "acto de generosidad y responsabilidad política", según ellos, ha pasado del anuncio de su secretario general, Juan Carlos Alemán, de plantear una moción de censura si se producía la ruptura del pacto CC-PP, a una "colaboración puntual" en temas europeos, nacionales, REF, sanidad, financiación autonómica y Estatuto de Autonomía, condicionado a la reforma del aberrante, sectario e injusto sistema electoral vigente. Solo hace unos días el vicesecretario general del PSC, Hernández Spínola, decía: "Queremos ganar la confianza de los ciudadanos y demostrar que somos una alternativa al desgobierno actual".
No hace falta realizar ninguna encuesta para saber que una gran mayoría de dirigentes, militantes, afiliados y votantes socialistas están en contra el entreguismo político de un pacto con quienes le han negado el pan y la sal en la política canaria, con la complicidad del PP, y tienen el triste honor, después de diez años de gobiernos, de haber colocado a Canarias en cabeza de todos los índices socio-económicos negativos y a la cola de los positivos, mientras se despilfarra el dinero en grandes obras e infraestructuras innecesarias para favorecer a grandes promotores inmobiliarios foráneos.
Diario de Avisos 22-05-05