Martes, 25 de octubre de 2005
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Zebensuy Rodr?guez ?lvarez

Un d?a habr? una isla
que no sea silencio amordazado.
Que me entierren en ella,
donde mi libertad d? sus rumores
a todos los que pisan sus orillas.

Pedro Garc?a Cabrera (1964)

Siempre hab?a tenido por costumbre desayunar en su casa: esa taza de leche que primero hierves a m?s no poder y que luego revuelves y revuelves poniendo en peligro el fondo hasta que se enfr?a, esa cucharada de gofio de millo y trigo, esas galletas gomeras que te entullan el est?mago, ese cacho de queso de cabra semitierno? Pero aquel d?a no le quedaba leche en la nevera, as? que, decidida, y aunque no fuera ?poca de elecciones, Coqui baj? al bar donde la gente que se levanta a las cinco de la ma?ana va a echarse el refuercito cuando amanece. Se sent? en una de esas mesas en la que se te quedan los brazos pegados nada m?s fundarlos. Llam? al camarero, le pidi? un pa?o, una pulguita de tortilla, un cafelito ardiendo y el peri?dico El D?a. Bocadillo en mano comenz? a leer las jaculatorias del diario vespertino cuando, de repente, escuch? a dos camioneros hablar. No se lo pod?a creer. ?Dec?an que el tranv?a era una mierda! Y lo peor es que a su conversaci?n se unieron con entusiasmo el camarero, el que vende los cupones en la esquina, la mujer que barr?a las miguitas, el chico que tra?a los Donuts, y hasta una chiquita feucha con gafas y coleta con toda la pinta de ser la secretaria de alg?n lado. Coqui sali? indignada.

Nada m?s llegar a su trabajo atenaz? el tel?fono y peg? a llamar a todos sus compa?eros. Hab?a que hacer algo. Aquel bar no pod?a seguir abierto. Discutieron durante horas y horas, hasta que llegaron a la conclusi?n de que lo mejor era comprarle el bar al due?o y poner al cu?ado de Coqui a servir los desayunos. As?, ?ste, cada ma?ana, podr?a decirle a los camioneros, a los chicos de los Donuts, a los de los cupones, a las mujeres que barren las miguitas y a las chicas feuchas que el tranv?a era lo mejor.

Orgullosa de su decisi?n, y aunque no era ?poca de elecciones, Coqui volvi? a bajar al bar, ahora de su cu?ado, para echarse una pulguita de tortilla con un cafelito hirviendo y de paso leerse el bolet?n de los parroquianos. Bocadillo en mano comenz? a leer las homil?as del editorialista malabarista cuando, de repente, escuch? a trav?s de la ventana a dos viejitos hablar. ?No se lo pod?a creer! Dec?an que en la Asociaci?n de Vecinos estaban protestando por las obras de la Trinidad. Coqui sali? enfurecida.

Al llegar a su trabajo agarr? el tel?fono y comenz? a llamar a todos sus compa?eros. Hab?a que hacer algo. Aquella asociaci?n no pod?a seguir abierta. Discutieron durante horas y horas, hasta que llegaron a la conclusi?n de que lo mejor era poner como presidente a un colega suyo. As?, ?ste, en cada reuni?n podr?a decirle a los viejetes, a los camioneros, a los chicos de los Donuts, a los de los cupones, a las mujeres que barren las miguitas y a las chicas feuchas que las obras estaban bien planeadas.

Satisfecha de su trabajo, y aunque no era ?poca de elecciones, Coqui volvi? a bajar al bar, que segu?a siendo de su cu?ado, para echarse un cafelito ardiendo con una pulga de tortilla, ?sta vez junto al presidente de la asociaci?n de vecinos, un reputado articulista del noticiero m?s envanecido de la isla. ?No se lo pod?a creer! A su colega lo hab?an echado del cargo. Al parecer, los vecinos (dicen las malas lenguas que instigados por gentuza de la Universidad de La Laguna) se dieron cuenta del andar de la perrita y lo mandaron a jugar con mierda y palitos. Para Coqui estaba claro: la isla se hab?a poblado de terroristas sociales que s?lo quer?an acabar con la burgues?a chicharrera.

Corri? hacia su puesto de trabaj?, llam? a gritos a sus compa?eros, los sent? en el tagoror y les meti? cuatro gritos. Hab?a que hacer algo. Discutieron durante horas y horas, hasta que llegaron a la conclusi?n de que lo mejor era ir a las teles, a las radios, a los peri?dicos, a todos lados, para desenmascarar a los terroristas sociales, a los falsos ecologistas, a los bien pagados por el oro de Gran Canaria, a los profesores universitarios que sab?an menos que ellos. As?, en poco tiempo, hicieron de Aguilera Klink un godo espabilado, de Asamblea por Tenerife un gueto de marxistas y pol?ticos fracasados, de Ben Magec un grupo de pirados melenudos, de ATAN una banda de totufos, de la Coordinadora de Pueblos y Barrios un rastrojo de antiburgueses, de Radio San Borond?n un op?sculo subrepticio, de la Casa Tahime un local clandestino? Incluso, esta vez, sin pens?rselo dos veces, hasta cerraron un local.

Petulante en su labor, Coqui volvi? a bajar al bar, aunque no era ?poca de elecciones. Ese d?a no hab?a nadie desayunando. Bocadillo en mano se dispuso a leer la portada del panfleto ma?anero cuando de repente? ?No se lo pod?a creer! Las miles de personas clandestinas y terroristas sociales estaban por fuera, en la calle, a la vista de todos, armadas de pancartas, gritando ?libertad? y ?democracia?. No era el a?o 1970, no qu? va, sino el 2005. Concretamente, un 26 de noviembre.
Publicado por elmachal @ 15:39
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