martes, 10 de enero de 2006
Ramón Trujillo


Una encuesta del Cabildo de Tenerife, divulgada en junio de 2005, revela que la construcción de una segunda pista en el Aeropuerto Reina Sofía es la gran infraestructura, pendiente de ejecución, mejor valorada por la ciudadanía isleña. La necesidad de tal infraestructura es defendida por el presidente del Cabildo, Ricardo Melchior, que piensa que las limitaciones aeroportuarias podrían “estrangular” las perspectivas de desarrollo de la isla. “Por falta de una infraestructura”, añade, “se pueden perder puestos de trabajo, la generación de renta o poner en riesgo el porvenir de las generaciones futuras”. En el mismo sentido, la Federación Provincial de Entidades de la Construcción difundió un panfleto advirtiendo que, si no se realizaban la segunda pista y otras dos grandes infraestructuras, “nuestra economía quedará estrangulada y en manos del destino o del azar”.

También el Plan Insular de Ordenación de Tenerife (PIOT) constata que “la insuficiencia del actual aeropuerto [Reina Sofía] para absorber el volumen de tráfico derivado del fuerte desarrollo turístico es un dato de partida unánimemente aceptado”. Lo sorprendente de todas estas unanimidades es que no aportan datos que justifiquen su postura. Y no los aportan porque no existen.

Los datos disponibles muestran que la segunda pista es completamente innecesaria. Pues actualmente transitan por los dos aeropuertos tinerfeños unos doce millones de viajeros al año y, sin construir pista adicional alguna, se podrían superar los treinta millones de pasajeros anuales. Por supuesto, esta cifra de viajeros es indeseable porque, como se afirma en el Documento Verde del Gobierno de Canarias, “la premisa básica de un turismo sostenible pasa por no incrementar su presión sobre el medio, entendida como el número de turistas que visitan el archipiélago cada día”. Es decir, las autoridades canarias piensan que hay que poner algún límite al aumento del número de turistas para que nuestra economía preserve su viabilidad. Sin embargo, su planificación aeroportuaria es incoherente con el objetivo declarado.

El Aeropuerto Reina Sofía pasó de 2.1 millones de pasajeros, en 1980, a 5.7 millones, en 1990, y a 8.9 millones, en 2002. Sorprendentemente, para 2015, Aena prevé alcanzar 16 millones de viajeros, es decir, unos siete millones más que en la actualidad. Tal cifra implicaría un crecimiento futuro del número de viajeros muy superior al habido en el pasado: mientras que el Aeropuerto Reina Sofía necesitó 21 años para tener 7 millones de viajeros más, ahora, le bastará con sólo 10 años para sumar otros 7 millones de pasajeros. No obstante, tampoco este incremento en el tránsito de usuarios del aeropuerto justificaría una nueva pista.

La pista actual permitirá desarrollar 44 operaciones a la hora, o sea, 1.056 al día. Esto supone una capacidad teórica de mover más de 192.000 aviones al año, frente a la realidad de 31.412 aeronaves, en 2004. Además, también se cuenta con el potencial del Aeropuerto de Los Rodeos para absorber futuros incrementos del tráfico de pasajeros. Recordemos, tanto la infrautilización de Los Rodeos, con sus 3.3 millones de viajeros en 2004, como que el PIOT propugna entender “la isla como una unidad aeroportuaria”.

Es más, no todos los indicadores señalan crecimientos constantes. El tráfico de mercancías del aeropuerto del sur se redujo, desde algo más de 18.000 toneladas, en 1990, a poco más de 11.000 toneladas, doce años después. Tampoco un incremento en el número de pasajeros conlleva automáticamente un aumento en el número de aviones. En 1980, hubo un promedio de 92.7 pasajeros por aeronave que operó en el aeropuerto sureño y, para 2002, la media se hallaba en 141.3 pasajeros por avión. Es decir, la mayor capacidad de los aparatos permite desplazar más viajeros con menos operaciones de aterrizaje y despegue.

Así pues, a quienes defienden la construcción de una segunda pista sólo les queda la sinrazón que me brindó un responsable del Cabildo, en un espacio de debate: el problema, afirmó, es que el turismo de calidad sólo viene en determinados días de la semana y en franjas horarias limitadas. La puerilidad del pretexto es tal que, si lo tomáramos en serio, construiríamos cinco pistas cuando los turistas vinieran los viernes de tres a cinco. En verdad, el problema real lo planteaba recientemente el director del aeropuerto de Lanzarote cuando pedía a las compañías aéreas que no concentraran los vuelos en sólo dos días a la semana y en un lapso de sólo seis horas en cada uno de ellos. Obviamente, hay muchas soluciones a la concentración de vuelos, como, por ejemplo, abaratar las tasas aeroportuarias cuando se infrautilizan las instalaciones.

Como los datos no acreditan la necesidad de una segunda pista, se recurre al agravio comparativo con Gran Canaria, que pretende construir una tercera pista en el Aeropuerto de Gando. Y, entretanto, a la población grancanaria se le ha ocultado la declaración de un directivo de Aena que, en febrero de 1998, afirmó en rueda de prensa que la construcción de una tercera pista en el Aeropuerto de Gando era innecesaria. Pero, sin embargo, sí se alertó a la ciudadanía grancanaria del agravio comparativo con Tenerife. De modo que, los ciudadanos eran inducidos a sentirse agraviados con sus vecinos de la isla de enfrente, para que así financiaran con sus impuestos infraestructuras tan costosas como inútiles.
Publicado por ubara @ 12:17  | Territorio
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