Mi?rcoles, 18 de enero de 2006
Francisco Pomares. Opini?n de Tenerife.

De siempre he rechazado la pol?mica con la competencia. Siento un profundo desprecio por los periodistas que convierten su ombligo o sus propias cuitas en asunto de obligado inter?s para sus lectores. Por eso he intentado evitar siempre la pol?mica con quienes escriben en el peri?dico El D?a. Por eso, y tambi?n porque siento una suerte de arcana simpat?a por la que fuera una de las grandes cabeceras de la Transici?n pol?tica en Espa?a, cuando El D?a era un peri?dico en el que en sus p?ginas cab?a el debate ideol?gico desde las filas de la izquierda comunista hasta los ?ltimos montoneros franquistas, un peri?dico instalado en el servicio p?blico y la caballerosidad, un peri?dico que supo representar como ning?n otro el vivir y el sentir de Tenerife y sus gentes. Adem?s, ocurre que aprend? a entender el mundo en las p?ginas de El D?a, y que en las de su hijuela Jornada publiqu? mis primeros desahogos como aprendiz de periodista. Guardo en una parte de mi memoria un sentimiento de entra?able afecto y agradecimiento por los grandes periodistas que hicieron posible la transformaci?n de un peri?dico secuestrado por el r?gimen y el falangismo en uno de los primeros peri?dicos de la democracia.
Por desgracia, El D?a de hoy no es heredero de aquellos a?os en los que aprend? a querer este ingrato oficio. Una sombra de grisura y mediocridad se ha instalado en las alturas del diario, contaminando edici?n tras edici?n el buen trabajo de un mont?n de excelentes profesionales. La ?ltima zarandaja ha sido el editorial de este domingo, pidiendo que la reforma del Estatuto contemple convertir Gran Canaria en Canaria. Una entera p?gina del peri?dico m?s comprado de Tenerife, dedicada a semejante infantil estulticia. Pero lo peor no es que un heredero de aqu?l gran periodista y mejor persona que fue Leoncio Rodr?guez se permita tan monumental sandez. Lo peor es el cobarde silencio de la mayor?a ante tal cancaburrada. -"Son las cosas de don Jos?"-, te dicen los m?s t?midos, mientras los m?s dados al espect?culo -pol?ticos, culturos, periodistas de otros foros y otras ondas- gesticulan, exageran y amagan sobre la obvia decadencia de una visi?n editorial ajena ya a este mundo y a su l?gica moderna de intereses, derechos y expectativas.
Pero incluso esa parte de Tenerife que siente el desprop?sito lo consiente. Todos hablan a sus espaldas de ese editorialista que hace gui?os xen?fobos, clama sobre la pureza de la sangre, recuerda las glorias pasadas y arremete contra los "gcanarios" -as? los llama- calific?ndolos de "ratas que soplan y muerden". Pero nadie se da por enterado. La vida p?blica tinerfe?a languidece instalada en la omert? ante el exabrupto y la memez de las ep?stolas dominicales, como si no tuvieran ning?n valor. Puede que s? lo tengan: han logrado callar al intelectual colectivo de la Isla."
Publicado por ubara @ 12:37  | opini?n
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