Ángel Rivera
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Viajaba a gran velocidad esa limusina negra de demasiados metros de longitud. Dentro, el presidente del Cabildo, el Sr. Llanos, miraba por la ventana orgulloso, un testigo de gran parte de su gestión. A lo largo de los 6 kilómetros en los que podía contemplar la gran obra del Puerto de Granadilla, recordaba como, hacía bastantes años, él ya había pedido que saltándose la normativa medioambiental europea se construyese ese necesario puerto, y como insistió que fuese con dinero de los contribuyentes canarios, porque los prevaricadores que gobernaban en Europa no querían dar la financiación. Poco importaba ahora que la actividad del puerto fuera casi inexistente. El verdadero objetivo se había conseguido: su construcción.
Pensaba mientras se dirigía a esa reunión importante, cuanto había progresado la Isla gracias a sus gestiones y a la magnífica labor del PP. El crecimiento inmobiliario era espectacular, Santa Cruz se había fusionado con Güímar y el Puerto de la Cruz lo había hecho con La Laguna, por eso ahora pretendía que la gran urbe de 4 millones de habitantes, fuese un solo municipio, otorgándole el mismo nombre de la Isla. Solo a la oposición socialistas y algunas minorías ecologistas le importaba que se hubiesen perdido todos los espacios naturales de antaño, o que la desigualdad entre los más ricos y los más pobres se hubiese multiplicado por cien; o que se hubiesen generado bolsas de pobreza inmensas en los extrarradios de la Gran Ciudad, que suponían el 70% de la misma.
Lo importante es que en el 30% restante la gente “normal” vivía honradamente, tenían un magnífico nivel de vida, con sus subvenciones, su RIC que se había prorrogado por 4º vez, sus negocios de construcción prósperos que habían tenido que empezar a construir en África y otros parajes naturales de América Latina porque en las Islas ya no quedaban metros cuadrados que urbanizar. Tan solo el Teide, pero el Sr. Llanos se consideraba un defensor del Medio ambiente, y por eso no creía oportuno construir en el Parque Nacional (además de que resultaba incomodo vivir a esa altura).
Recordaba Llanos con nostalgia como todo empezó a ir mucho mejor a partir de que se suspendiera el juicio del 11-M, porque la confusión que habían logrado generar era tal, que nada era cierto, que nadie se fiaba de nadie. Los terroristas islamistas salieron de la cárcel, pero lo importante es que la mayoría de los españoles ya pensaban que fue ETA quien cometió el atentado.
A partir de ese momento en Canarias lograron que también se declarase inocente a Celso Perdomo y a todos los de la trama eólica, así como a los de la Operación Faycan y a su concejal de Telde, Toñi. Los jueces, en sus sentencias confirmaron que se trató tan solo de una conspiración hecha para desprestigiar a los defensores de España y su unidad.
A la altura del ahora barrio de Candelaria, al lado de la que fue Autopista del Sur y hoy llamada Avenida de Antonio Plasencia, ese gran prócer de Tenerife, el Sr. Llanos vio como una pareja de niños pretendían parar su veloz limosina con señales, hasta el punto que obligó al chofer a detenerla. La pareja de motoristas que escoltaban al presidente, se dirigió a los niños y comenzó a aporrearlos. Este incidente cada día se repetía más. Desesperados por la falta de comida, cientos de niños paseaban por las calles de la Gran Ciudad buscando alimento o limosna.
“Afortunadamente, pensó el Sr. Llanos, que la gente de bien está protegida por una eficiente policía que todas las instituciones públicas disponen, y por supuesto el Cabildo también".
No había que fiarse de esos niños, podrían ser delincuentes que amenazaran la seguridad el presidente. Pero los policías parecían extralimitarse en su castigo físico a los niños, y la escena estaba siendo recogida por la mirada de cientos de curiosos. Por eso, el Sr. Llanos vio una nueva oportunidad (él siempre fue muy buen oportunista), salió de la limusina reprendió a los policías obligándoles a que parasen y se interesó por la salud de los niños que chorreaban sangre sobre sus vestimentas sucias. El Sr. Llanos entre el aplauso de los curiosos, sacó 2 billetes de 500 € y los regaló a los niños.
- Tomen, para que os curen en el centro Médico Cobiella (así se llamaban casi todos los centros médicos de la Isla, porque pertenecían a la misma familia).
Él sabía que desde que el PP había privatizado toda la sanidad, no había sanidad pública y que por tanto, esos niños podrían desangrarse, y generarle un problema de imagen.
Al llegar al Palacio de gobierno, el presidente del Gobierno de Canarias lo esperaba para tratar un asunto de mucha importancia. Conservaba su bigote desde hacía muchos años, y su figura esbelta y alta se mantenía a pesar de la edad.
- Hola Manolo. Saludó el Sr. Llanos al Presidente Soria.
- Debo de pedirte algo, quiero que organices un macroconcierto musical, nuestro presidente de España vendrá en un mes y quiere que el pueblo esté contento.
- No te preocupes Manolo, el Presidente Acebes tendrá al pueblo a sus pies, traeremos lo mejor del mundo a Tenerife.
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Miembro del Comité Insular del PSC-PSOE