miércoles, 21 de junio de 2006
Domingo Garí Hayek


Quien no haya visto aún Bienvenido Mr. Marshall, ya no tiene necesidad de hacerlo. Sólo con asomarse a la prensa de estos días, podrá reeditar en vivo la magnífica película de Berlanga. Ricardo Melchior es nuestro particular Pepe Isbert. Engalanada la Isla a la manera de estos tiempos, con tranvías y autopistas remozadas, en vez de balcones andaluces y flores, nos disponemos a recibir el maná de dólares que los americanos aseguran que traerán debajo de uno de los brazos. Debajo del otro, los planes de una operación de desembarco neocolonial en el oeste de África. En 1953 trajeron un puñado de dólares y los planes de las bases militares en suelo ibérico.

El responsable de la delegación de la Cámara de Comercio de Estados Unidos ha sido lo suficientemente claro, como para echarnos a temblar. Estados Unidos viene a utilizar Canarias como plataforma logística para consolidar su hegemonía en la costa oeste africana y tratar de frenar la penetración china en la zona, además de extender a este lugar del planeta la guerra infinita declarada desde 2001. Nos dice Juan Verde -el responsable mentado- que "Bush aceptó por varios motivos: para parar a China, porque es el mercado que queda por desarrollar y para frenar la expansión, detectada por los servicios secretos estadounidenses, de movimientos islámicos extremistas en África Occidental". Con ser esos argumentos suficientes como para impedir que los americanos vengan a Canarias, no dice que también desean controlar el petróleo que distintos países de la zona producen, desde el Golfo de Guinea hacia el norte, por no hablar de las reservas investigadas en aguas del Archipiélago.

La propuesta avanza, además, luchar contra la corrupción en los países destinatarios de la inversión y la privatización de sus recursos productivos. "Estos países tienen que democratizarse y privatizarse" advierte el grancanario galáctico, como si una cosa y la otra tuviesen que ir irremediablemente aparejadas. Ya sabemos que eso de democratizarse puede significar cualquier cosa, ahora, lo de privatizarse sólo significa una. Las multinacionales americanas quieren hacerse con la propiedad de los recursos naturales y productivos de los países que dicen que piensan ayudar.

El organismo que gestionará la inversión estará supervisado por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco de Desarrollo Africano, entidad financiera encuadrada en la estructura institucional del propio Banco Mundial, y denunciada una y mil veces de corrupta y de desatender los problemas del continente, como se puso en evidencia en la reunión que organizaron en Valencia en mayo de 2001, haciendo gala de un lujo desproporcionado, comparable al que despliegan los jeques árabes en sus andanzas por el levante español. Reunieron allí a más de mil quinientos delegados de entidades financieras del mundo, y sufragaron los millonarios gastos en hoteles de lujo y vida a todo tren los cincos días del evento, mientras más de la mitad del continente africano las pasa canutas para poder comer diariamente.

El gran maestro de ceremonias de este aquelarre de desposesión planificada para el oeste de África, con la anuencia y el apoyo de nuestras instituciones autonómicas, es uno de los planificadores de la estrategia americana de control del mundo, Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial desde marzo de 2005, y hasta entonces, subsecretario de Defensa bajo el Gobierno Bush (entre 2001 y 2005). Wolfowitz es una de los principales ideólogos de la extrema derecha americana. En la estrategia de dominación imperial diseñada entre otros por él, escribe en 2000 el Proyecto del Nuevo Siglo Americano, un verdadero Mein Kampf de nuestros días. Allí escribió que el unipolarismo y la globalización son en realidad el mismo fenómeno, y que si hay una nueva interconexión global, "ello ocurre dentro del contexto de la dominación global americana". Wolfowitz descarta las ideas de compromiso como instrumentos de paz y prevención de conflictos, y apuesta por el principio de la guerra preventiva. Su política es hacer del mundo un Irak inmenso.

¿Está al tanto de todo esto, don Ricardo Melchior? ¿Le da igual que todo esto sea así, don Ricardo Melchior? ¿Es consciente de que puede usted colocarnos en el ojo del huracán? Al menos sabrá aquel dicho que dice: el que juega con fuego se quema.
Publicado por ubara @ 10:53  | opinión
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