Nos avergonzamos, los menos como dicen ellos, que se pueda llamar "ratas" a nuestros hermanos de otras islas, por el simple hecho de que hayan sido capaces de conseguir cosas que nosotros hemos abandonado. Como uno de los hospitales más modernos de Europa, mientras nosotros seguimos poniendo parches a dos edificios en ruinas, al tiempo que tenemos en manos de un señor la medicina tanto en el norte como en el sur.
La locura de algunos medios de comunicación en su afán por defender a los dos constructores y a la media docena de especuladores que van a hacer el negociete del siglo con el crimen de Granadilla, los está llevando a algo que va mucho más allá de silenciar al que discrepa, como han hecho tradicionalmente. Ahora silencian más que nunca pero además se dedican un día sí y el otro también a insultar, a despreciar, a acusar y denigrar a todo aquel al que opine de otra manera. Nunca antes se había visto algo semejante, atrás quedan aquellos tiempos en los que tocaba luchar por el puerto de Santa Cruz, entre todos ellos lo han dejado morir y con él a uno de los grandes motores económicos del área metropolitana. Les basta ya con recrearse en la imagen de los cruceros que nos hacen soñar con un nivel de vida que no tiene nada que ver con el que tiene la mayor parte de nuestro pueblo. Cruceros que, aunque muy bonitos, poco tienen que ver con el progreso, el desarrollo y los puestos de trabajo para nuestra gente.
Una recogida de firmas prevista en el Estatuto de Autonomía para una iniciativa legislativa popular, la mayor hecha nunca antes en Canarias, el periódico El Día tiene la desfachatez de descalificarla diciendo que se ha estado meses "forzando" al pueblo para que firmase. No tienen vergüenza ni saben valorar lo verdaderamente auténtico que queda en esta tierra, que es la gente joven que no se conforma con los carnavales o con el Son Latinos y quieren participar democráticamente, de forma pacífica, con argumentos en los procesos políticos de toma de decisiones. Unos jóvenes que han estado recogiendo firmas en sus ratos libres los tres meses previstos en la ley, ni más ni menos, sacando tiempo de sus ratos de ocio o de disfrutar de sus familias o de estar estirados en una playa.
Estas cosas nunca se habían visto por aquí ni en los peores tiempos del franquismo. Por eso la dignidad de todos nosotros nos debe llevar a defender el derecho de cualquiera a discrepar y a defender su opinión de la manera que crea conveniente. Siempre de forma pacífica como siempre han hecho en Canarias los defensores del medio ambiente.
Pero estas arengas lanzadas desde los medios de comunicación -editorializando, no como opinión de nadie en particular- pueden dar lugar a que determinados descerebrados tengan reacciones agresivas y violentas hacia estos grupos que luchan democráticamente por defender unas ideas. ¿Será eso lo que pretenden? ¿Se trata de una forma de amedrentar y de producir fracturas graves en la sociedad civil? ¿Estarán tirando la piedra y escondiendo la mano? ¿A quién le están haciendo el juego? ¿Por qué si tan claro lo tienen cada día cambian de opinión? ¿Por qué no ha habido ni un solo debate público sobre un asunto que pondría a la isla de Tenerife del revés, al volcar definitivamente TODA la actividad económica de la Isla hacia el sur? ¿Hay que tragárselo porque lo dice El Día, el Diario de Avisos y los caciques de toda la vida que nos han llevado al fracaso actual que ellos describen?
¡Venga ya! Que hagan lo que les dé la gana -disponen de todas las armas menos de la razón- pero es muestra de una inmoralidad desmedida esa forma de insultar y de despreciar a la gente que no tiene otra forma de defender sus ideas que con argumentos. ¿Es que no les basta con censurarlos?
Foro contra la incineración de Tenerife