Lunes, 26 de junio de 2006
Carmen Ruano

Todos los que estamos en el dif?cil y complicado tr?nsito que va de la madurez a la ancianidad s?lo deseamos una cosa: no perder la cabeza. Que viene a ser lo mismo que no perder la dignidad, porque en el reconocimiento p?blico acabar los d?as en una silla de ruedas es algo que da pena y promueve la compasi?n, pero terminar la vida repartiendo montaditos de salchich?n y queso entre las palomas del Garc?a Sanabria, por el contrario, da risa y fomenta la co?a marinera.

No recuerdo qui?n fue el que dijo que hay que tener mucho cuidado para no morir de ?xito, pero me gustar?a a?adir que hay personas que si bien no mueren de ?xito, s? quedan extra?amente baldadas. Este parece ser el caso de Jos? Rodr?guez Ram?rez, editor del peri?dico El D?a, que en plena senescencia ha trastocado la realidad y ha perdido la sensatez. Es probable, tambi?n hay que decirlo, que a esta situaci?n hayan contribuido personajes p?blicos que, para garantizarse una buena prensa, no dudaron en homenajearlo en exceso, colmarlo de placas y distinciones y sembrar su nombre por el callejero de la Isla. Y no es menos cierto tambi?n que alguno quiz?s lo hizo sin esperar nada a cambio, pero al honrar al editor abri? la caja de los truenos de la competencia mezquina y all? emprendieron algunos la carrera de ver cu?l era la calle m?s grande, la placa m?s ostentosa o el galard?n m?s rimbombante. Convendr?n conmigo que, aturdido por tanto agasajo, cualquier persona podr?a perder el norte.

Inmerso en esta vor?gine aduladora, Jos? Rodr?guez se crey? y se proclam? pr?cer de Nivaria y padre de la patria. Y sinti?ndose senador, ha querido emular a S?neca con una prol?fica obra que, al igual que el fil?sofo, podr?amos agrupar en los di?logos morales y las tragedias. Si se hiciera una edici?n de sus obras completas habr?a un ?nico e inmejorable t?tulo que las englobar?a a todas: asuntos para no olvidar, el ep?logo epistolario con el que Jos? Rodr?guez culmina sus editoriales dominicales, un vestigio del periodismo antiguo, de cuando a la prensa se le pon?a el adjetivo de canallesca y hab?a periodistas sobrecogedores que extend?an la mano para recibir el precio y el premio por sus escritos.

Pero a lo que iba. Las tragedias son dos: el expolio y/o despojo y la invasi?n de gente de color (por decirlo con un eufemismo y no con tintes racistas al estilo de El D?a). Esta ?ltima no parece preocupar m?s de la cuenta al pr?cer de Nivaria, que con el mismo ?mpetu que ha declarado la superioridad de la raza blanca (sic) lleva una semana reculando y dando explicaciones sobre su supuesta xenofobia que no es otra cosa que el rechazo a cualquier intento de africanizaci?n de Canarias que, como todo el mundo sabe, se ubica geogr?ficamente entre el estrecho y las Islas Baleares seg?n los mapas meteorol?gicos al uso en esa ?poca.

La prosa de Jos? Rodr?guez alcanza su m?xima expresi?n en las tr?gicas ep?stolas sobre el expolio, el ultraje, la rapi?a, el pillaje, la expropiaci?n y el despojo a que est? siendo sometida Tenerife, hasta tal punto que por el af?n descuartizador del editor m?s parece un mondongo que una Isla. Los autores de tanta masacre se dividen, a su vez, en tres: los perversos canariones (?vade retro!), los traidores (gente de diversa cala?a) y los ab?licos dirigentes tinerfe?os (?despierta, Tenerife!), c?mplices por omisi?n del nivaricidio que se comete a?o tras a?o.

Harto de predicar en el desierto de una clase social que s?lo se conmueve, agita y apasiona por los partidos del mundial de f?tbol, el editor ha emprendido su particular cruzada contra el enemigo canari?n desempolvando antiguos mapas del Archipi?lago con la idea inicial de que Gran Canaria se desprenda del Gran y quede como Canaria, a secas para bajarle los humos a sus man?as de grandeza. Pero esto es s?lo el principio. Mucho me temo que Jos? Rodr?guez ha iniciado una cruzada particular en busca de su santo grial que no es otro que hallar un mapa donde no aparezca la isla de Menosgran Canaria y mucho menos el extinto Dedo de Dios, m?s conocido como se ha apresurado a contar como Roque Partido o Roque hecho a?icos. Y puestos as?, los de all? responden que lo ?ltimo que hizo el dedo de Dios antes de irse al fondo del mar fue apagar la luz en Tenerife. Y ya la hemos liado.

Los di?logos morales tampoco tienen desperdicio. Sin ir m?s lejos no hace mucho publicaba uno referido a una iniciativa parlamentaria que pretende regular el estatus de los expresidentes canarios y que dec?a lo siguiente: "Es propio de las rep?blicas bananeras que sus clases dirigentes imiten los fastos de las naciones ricas, gastando lo que no tienen...". Y no digamos cuando, hablando del turismo, dec?a que mantener alto el list?n es una responsabilidad, no s?lo de la Administraci?n, sino "que todos los habitante de la Isla, trabajadores directos del sector o no, tambi?n han de aportar su granito de arena para hacer agradable la estancia al turista y ayudar a que repita visita o, cuando menos, que recomiende a sus allegados unas vacaciones en Tenerife".

El editor de El D?a tiene una especial predilecci?n por los epigramas, en los que es proclive al insulto, aunque por cobard?a enmascara tanto al protagonista de su dardo que termina convierti?ndolos si no en criptogramas, s? en divertidas adivinanzas. Por el contrario, deber?a -salvando las distancias- tomar nota de este epigrama del ingenioso Marcial: no recitas nada y quieres ser tenido por poeta: s? lo que quieras, con tal que no recites nada.

Fuente: La Opini?n de Tenerife, 25-06-06
Publicado por ubara @ 17:03  | opini?n
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