La playa de La Tejita, un lugar bello y emblemático de la costa tinerfeña, asociado al ocio de residentes y turistas, fue ayer el escenario de una excepcional lección ciudadana. La protagonizaron los bañistas, de todas las edades y procedencias, que como uno solo se volcaron en la asistencia a los 88 exhaustos pasajeros de un cayuco que, tras eludir todas las medidas de vigilancia fijadas por Salvamento Marítimo, arribó a primera hora de la tarde de ayer a la costa del sur tinerfeño. Los que pasaban un plácido y caluroso domingo sobre la arena de La Tejita, sorprendidos al inicio ante la cercanía de una extraña embarcación, no tardaron en comprender que se trataba de un cayuco que iba poner delante de sus ojos el drama de la inmigración irregular. Y la respuesta, espontánea y eficaz hasta la llegada de los efectivos de Cruz Roja, no pudo ser más elocuente.
Un total de 88 inmigrantes subsaharianos, entre los que se encontraban dos mujeres y un menor, viajaban en la barcaza que arribó a la playa de La Tejita. Fuentes de la Cruz Roja señalaron que ocho de los inmigrantes, los más afectados por la dureza del viaje, tuvieron que ser trasladados a centros sanitarios; seis de ellos al Hospital Nuestra Señora de La Candelaria y dos al Hospital Universitario de Canarias (HUC), al padecer problemas de hipotermia y deshidratación, aunque ninguno reviste gravedad. El cayuco, de treinta metros de eslora, arribó sobre las 15.30 horas por sus propios medios y ante el asombro de los bañistas que se encontraban en la playa. Según testigos presenciales consultados por Efe, los bañistas auxiliaron a los inmigrantes irregulares a salir del agua y algunos utilizaron sus propios vehículos todo terreno para trasladarles hasta la carretera donde se encontraban efectivos de la Cruz Roja, Guardia Civil y Policía Nacional.
Los ocupantes de la embarcación varada en La Tejita reflejaban la dureza de un viaje que se supone de larga duración, una dinámica presente en las últimas semanas en la medida que la vigilancia en costas africanas obliga a los cayucos a partir cada día desde más al sur en el litoral del vecino continente. Por ello, todos ellos arribaron exhaustos y recibieron ayuda de mano de unos ciudadanos que ayer escribieron, sin pretenderlo, un bello gesto de solidaridad.