martes, 22 de agosto de 2006
José A. Alemán


En hablando de pateras y cayucos, conviene poner en su sitio las conduermas del PP con el dichoso "efecto llamada" en que centra su discurso vacío, sin otra propuesta que la electorera de quítate tú para ponerme yo. Dicen los peperos que ellos lo harían mejor sin explicar cómo para que podamos los ciudadanos apreciar los desaciertos y las insuficiencias del Gobierno Zapatero y comparar antes de comprar. Cuestión de marketing, diría.

Tengo dudas razonables acerca de la capacidad del PP para afrontar pateras y cayucos. También llegaban en los tiempos de Aznar, quien disponía del diagnóstico de las causas y de la profundidad y extensión del fenómeno. Existía ya la certeza de que desbordaba la capacidad del Estado en solitario y se hablaba de la necesidad de arbitrar políticas a medio y largo plazo de cara a los países emisores, por vía diplomática y de ayudas al desarrollo, a partir del compromiso activo de instancias supranacionales, como la UE. Si Aznar hubiera iniciado esa política, quizá no tendría el Gobierno que estar hoy tapando agujeros tan aprisa y corriendo.Como a estas alturas del texto ya se habrán sulibeyado los peperos fervorosos, añadiré que no es cuestión de partidos ni de gobiernos. Es seguro que, de haber intentado algo Aznar a ese nivel, la UE lo habría mandado a hacer gárgaras a la vista de sus actuales reticencias cuando la situación se ha desbordado. La UE va de fracaso en fracaso y éste es otro más.Además, si nada hizo el PP cuando era gobierno, no es menos cierto que se debió en la medida que fuera a que la oposición psocialista tampoco apretó para que actuara. Dialécticamente, comparten la responsabilidad de la inacción. Aquella insensibilidad e imprevisión la están pagando hoy tanto el PP, que no merece credibilidad cuando aborda el tema, como el PSOE, que ha de improvisar bajo la carga del Gobierno porque no supo, cuando era oposición, elaborar políticas factibles en la materia.Las cosas que ocurren en Canarias no suelen acuciar a los políticos metropolitanos. Algo más psicológico (a lo lejano se le dedica menos atención) que producto de maldad o desprecio. Y mala conciencia deben tener porque, desde que tengo uso de razón periodística, no recuerdo a ningún gobernante, del franquismo para acá, que no proclamara, cada uno en su estilo, lo cerca del corazón que de la patria que estamos los canarios. Este fin de semana pasado, sin ir más lejos, cumplimentó el rito Zapatero. Seguimos siendo felizmente esas tierras que "no por las más alejadas de España, las menos queridas". Éle. Lo que me lleva al Gobierno canario, a quien corresponde dar la lata en Madrid con cuanto trasciende su esfera de (in)competencias. Es un hecho que sólo se puso las pilas con los cayucos cuando la riada tocó en Tenerife. Aunque se comprenda la mayor alarma ante el disparo de las cifras, hubo situaciones límites, como las vividas en Fuerteventura, ante las que el Ejecutivo autonómico no levantó la voz como ahora. No figuraba entre sus prioridades y ni el Gobierno pepero, ni la oposición psocialista se sintieron constreñidos. Pudiera decir, en resumen de lo expuesto, que entre todos la mataron y ella sola se murió. Y ahí están ahora, con las prisas. Podrá reducirse el número de cayucos y de muertos, pero el problema persistirá si no se promueve el desarrollo económico y social en los lugares de origen. Y comienzo a maliciar porque oigo hablar de ayudas al desarrollo y percibo lo fácil que sería convertir las pregonadas ayudas al desarrollo en subvenciones públicas más o menos encubiertas para llenarle los bolsillos a los inversores espabilados y/o amigos, que haberlos, háylos. Y la RIC, oye: ¿qué pasa con la RIC?

Canarias Ahora.
Publicado por ubara @ 16:48
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