Mi?rcoles, 27 de septiembre de 2006
Entre los pol?ticos que nos tienen 'acostumbrados' -aunque hay cosas a las que uno nunca termina de acostumbrarse del todo- a encasquetarnos sus homil?as dominicales en 'El D?a' se encuentra Wladimiro Rodr?guez Brito, nada menos que el consejero de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife, ya va no se sabe para cu?ntos a?os en el cargo.
Acaso por el 'mono' que tiene todav?a -de cuando 'El D?a' no le publicaba sus art?culos porque era un rebelde de los que ahora se denominan 'terroristas sociales' o 'los del no'- o como mucho se los met?an en Cartas al Director-, el hombre lleva a?os sin fallar ni un solo fin de semana a su cita con la pluma, o la tecla, para iluminarlos a todos sobre su visi?n del bien y de mal, sus reflexiones m?s profundas que, amablemente, comparte con toda la ciudadan?a.
Claro que, en ocasiones, pareciera que don Wladimiro acabara de caerse de una higuera o se encontrase instalado, todav?a, en lo que fue su valiosa labor como persona comprometida con el cambio social y pol?tico que algunos, todav?a, vemos como necesario y urgente para esta tierra. Ese es el caso, probablemente, de su art?culo de este domingo en el que, bajo el t?tulo de 'Las leyes y los campesinos', nos diserta sobre un mont?n de cosas importantes referentes a las construcciones en suelo r?stico, aunque sin saber muy bien, al final, ni a d?nde quiere llegar ni por qu? camino. Como casi siempre, por otro lado.
Y es que a Wladimiro, en ocasiones, se le hace la picha un l?o. Un d?a se declara, sin rubor alguno pese a ser responsable p?blico, como 'al?rgico a las leyes'. Al otro manda a sus muchachos a cazar campistas por las playas para multarlos. Si se levanta con la pata izquierda -o la derecha, que eso depende-, se lanza a por los todoterrenos... Es por lo que le d?. Y es que a ?l le gustar?a seguramente, como a casi todo el mundo, que le dejasen gobernar haciendo uso de su desarrollado 'sentido com?n' al margen de cualquier ordenamiento jur?dico. Pero claro, el problema es que a lo que ?l aspira es un asunto supuestamente ya resuelto desde hace siglos, insinuado ya por Arist?teles -aunque en forma muy rudimentaria-. Pero el principio de la separaci?n de poderes -en el que sustentan, o intentan sustentarse, las democracias modernas- adquiri? ya perfiles claros con Locke y su formulaci?n definitiva gracias a Charles Louis de Secondat (1689-1755), Bar?n de Montesquieu, a trav?s de su conocida obra "Del Esp?ritu de las Leyes".
Es por eso que la homil?a de don Wladimiro de este domingo vuelve a estar cargada, por en?sima vez, de argumentaciones que, aunque comparti?ndolos en su gran mayor?a, chocan claramente con el an?lisis que se supone debe desprenderse de un responsable p?blico cuya formaci?n pol?tica lleva trincando poder en esta tierra casi desde que existe el Estado de las Autonom?as, con un Parlamento que redacta leyes y multitud de cabezas pensantes que, como Wladimiro, cobran una pasta para proponer las modificaciones que sean necesarias a fin de mejorar las cosas. Y es que no se puede ni estar en misa al tiempo que repicando, ni mucho menos, como hace habitualmente Wladimiro, predicar una cosa cuando las decisiones pol?ticas, del gobierno al que ?l representa, van justamente en la l?nea contraria.
Concretamente, y en el caso de Tenerife y la agricultura, el Cabildo ha fomentado en estos ?ltimos a?os una especie de 'reconversi?n agraria' que consiste esencialmente en convertir a la isla en una especie de 'Falcon Crest' gigantesco, donde no ha quedado cacique, especulador o gran constructor, que no haya aplanado suelo r?stico a base de palas mec?nicas para sembrar hect?reas y hect?reas de vi?a con un doble objetivo. En primer lugar, c?mo no, mamarse las subvenciones que supuestamente deber?an favorecer a los que pretenden vivir de la agricultura. En segundo lugar, y teniendo en cuenta que el cultivo s?lo est?n obligados a mantenerlo durante diez a?os, para situarse en unas condiciones cojonudas para optar a futuras recalificaciones que, en algunos casos, ya incluyen -dentro de las previsiones de alguno de estos aprovechados- la construcci?n de campos de golf y urbanizaciones en un futuro.
Este fomento de la vi?a -sin limitaci?n alguna al igual que ocurri? en los siglos XVI y XVII pero con sus particulares matices- est? consiguiendo, al mismo tiempo, otros efectos demoledores a parte de la desaparici?n del paisaje que, en el caso de municipios como Arico, est? siendo literalmente 'aplanado'. Por un lado el hecho de que constructores, especuladores y dem?s se hayan puesto a producir uva masivamente da lugar no s?lo a que ya exista un excedente importante sino que, como consecuencia de ello, los precios caigan por los suelos hasta el punto de que a muchos agricultores peque?os hay buitres que este a?o les est?n ofreciendo 30 c?ntimos por el kilo de uvas, con lo que no se paga ni el trabajo de la poda. Aunque todav?a no es nada, porque gran parte de esas grandes fincas son recientes y la vi?a necesita unos a?os para alcanzar su ?ptimo de producci?n. Claro que los especuladores no viven de eso, ni les supone complemento alguno a la renta familiar que tienen garantizada en otras actividades. Y en el fondo ni les interesar?a si no fuera por mamarse las subvenciones.
Y es que de aqu? a diez a?os, que hasta cuando est?n 'obligados' a mantenerse estos cultivos subvencionados, lo que quede de agricultura en Tenerife, al ritmo actual con anillos insulares, v?as exteriores, macrociudades como la de Cabo Blanco y dem?s, no ser? ya algo testimonial -que ya lo es- sino que se reducir? a un vestigio del pasado representada en alg?n patio de museo.
Por eso cuando Wladimiro se pone a contarnos historietas sobre la agricultura, cuando ?l tiene conocimientos para desentra?ar la ra?z misma del problema, nos da la impresi?n de que ha decidido definitivamente someternos a una tomadura de pelo constante desde las dos o tres columnas que amablemente le regala Jos? Rodr?guez en 'El D?a'. Pero si encima se pone a hablar de cuartos de aperos, de las leyes y dem?s, cuando ?l tiene a todos los vecinos de Barlovento, su pueblo natal en La Palma, con la boca abierta todav?a desde que comenz? a construirse un 'cuarto de aperos' que tiene bastante poco que envidiar a la mayor?a de las viviendas del pueblo, resulta ya francamente chocante.
Los guardias de Medio Ambiente de La Palma, como es l?gico, fueron y le pararon las obras, como a todo hijo de vecino y por la co?a esa de que todos somos iguales ante la Ley, sobre la marcha. Wladimiro se plant? y, legalmente, le gan? la batalla al Cabildo de La Palma y termin? su obra que incluye s?tanos, excavaci?n de cuevas y dem?s. Todo legal. La duda es si todo el mundo hubiese salido bien parado en La Palma de una situaci?n como ?sta. Pero la respuesta no s?lo no est? en el viento sino que se la podemos ofrecer, modestamente, nosotros mismos a la vista de situaciones parecidas bien conocidas: Ni de co?a.
La otra duda, menos espec?fica, es c?mo carajo Wladimiro tiene la desfachatez de hablar de 'que se controle y se persiga cualquier tipo de picaresca o fraude que permita hacer pasar por casas de agricultores o por cuartos de aperos segundas residencias para chuletadas o chalets de fin de semana'. Eso no s?lo es incomprensible, para cualquier persona normal, sino que roza m?s bien el terreno de lo puramente escatol?gico (del griego skat?s, 'hez'. O 'mierda', como decimos nosotros).


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Publicado por ubara @ 16:55  | Islas
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