miércoles, 11 de octubre de 2006
Ramón Trujillo (*)

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Los signos del Apocalipsis anunciado por los cayucos son inequívocos: el diputado Mardones quiere a la Armada frente a esas pateras que colocan a Canarias ante una “situación explosiva”(1). También el portavoz del gobierno canario reconoce la “grave situación”(2) y el consejero de Presidencia y Justicia habla de seis meses transcurridos en situación de “emergencia”(3). El presidente del Cabildo de Tenerife se refiere al “agobiante problema que tenemos en la isla con la inmigración ilegal”(4) y el ex presidente de Canarias, Lorenzo Olarte, escribe que tal inmigración es “el principal problema que padece Canarias en la actualidad”. Olarte lamenta que la Unión Europea “no reaccione enérgicamente para defender adecuadamente” su “frontera sur”(5). Y, mientras el presidente Adán Martín pide la reunión estival de “un gabinete de crisis del gobierno central”, que aborde una situación “que es ya insostenible”(6), el diputado Rivero lamenta que Madrid no asuma la cuestión de los irregulares como problema prioritario del Estado(7). Cuando Martín afirma que “a los canarios se nos está acabando la paciencia”(8), Rivero agrega que si el Estado no corrige el “abandono” en que tiene al Archipiélago, entonces habrá “un conflicto social e institucional” entre Canarias y el gobierno central(9). Escuchando éstas y otras opiniones semejantes pocos dudarían de la existencia de un problema grave para Canarias.

Sin embargo, si en vez de aceptar opiniones tan inconsistentes como influyentes echamos una ojeada a los datos disponibles descubrimos un panorama bien distinto. Los últimos datos divulgados por el Ministerio del Interior, correspondientes a 2004, muestran que el 84% de quienes llegaron a España en cayuco fueron repatriados(10). Si aplicamos idéntica tasa de repatriación a quienes alcanzaron Canarias en patera, en 2005, tendríamos que en el Archipiélago quedó el 17% de 4.750 personas(11), es decir, unos 800 individuos. Y como Canarias crece en 50.000 personas anuales, es obvio que la atención y la alarma suscitadas por el 1.6% del incremento poblacional carece de justificación. De hecho, en los ocho primeros meses de 2006, fueron trasladados a la Península 11.826 africanos(12) de los 19.035(13) que habían llegado en cayuco a Canarias. Y, a comienzos de septiembre, había otras 5.844 personas en los centros de detención(14).

Así pues, los datos anteriores obligan a hacer algunas precisiones. Para empezar, debemos entender que los africanos que llegan al Archipiélago en cayucos no son inmigrantes puesto que, en su abrumadora mayoría, no llegan ni a residir, ni a trabajar entre nosotros. De modo que, cuando el Parlamento de Canarias abordó su reciente debate sobre inmigración, a raíz del elevado número de cayucos llegados en las semanas previas, transmitió a la ciudadanía la vinculación errónea entre la llegada de cayucos y la realidad de la inmigración. Mezclaron la cuestión de los subsaharianos que no se quedan entre nosotros y, por ello, no llegan a convertirse en inmigrantes, con la situación de quienes llegan y se quedan y, por lo tanto, sí se convierten en inmigrantes.

Seamos claros: no se está discutiendo sobre cómo se acoge a los africanos, sino sobre cómo se les expulsa. Más aún, se está negociando cómo impedir que salgan de sus países. En realidad, cuando hablamos de los subsaharianos que vienen en patera, no estamos hablando de inmigración, sino de cómo gestionar un flujo de personas a las que se rescata, se detiene y se expulsa.

Y, quien dude de esta última afirmación, preste atención a los datos: en Canarias, los africanos representan el 10.6% de los inmigrantes empadronados (en 2006, 23.932 personas de un total de 225.682 (15)). Es más, entre 2005 y 2006, el número de africanos empadronados en las Islas se redujo en 2.800 individuos. O sea, mientras que, por una parte, aumenta la preocupación por la llegada masiva de africanos, por otra, disminuye el número real de africanos afincados en el Archipiélago.

En España sólo hay 140.000 ciudadanos de trece países del África subsahariana empadronados (en comparación con 492.000 ecuatorianos)(16). En realidad, los pocos subsaharianos que viven entre nosotros representan el 5% de la población inmigrante. Y, pese a ello, el pasado día 12 de julio, la consejera de Inmigración madrileña se quejaba de que unos 8.000 africanos llegados a Canarias hubieran sido trasladados a la capital. Una queja hecha pública el mismo día en que el consejero de Empleo de Madrid anunciaba que esa comunidad necesitaría medio millón más de trabajadores en los próximos cuatro años, muchos de ellos inmigrantes(17). Creo que ya es hora de introducir racionalidad, expulsar prejuicios y conceder un cupo significativo de inmigración legal al África subsahariana.

Y también es hora de exigir que no se instrumentalice a los inmigrantes para degradar el mercado laboral. Debemos tener claro que no es aceptable el trabajo ilegal (favorecido por el hecho de que España tiene la mitad de inspectores laborales por trabajador que la Unión Europea1(18)), ni que los inmigrantes cobren entre un 30% y un 40% menos que los españoles(19) y que, además, tengan cuatro veces más posibilidades de sufrir accidentes laborales(20). Debemos tener claro que la inmigración aporta riqueza, tal y como se refleja en el estudio de Caixa Catalunya que afirma que, sin la inmigración, el PIB per cápita español habría caído un 0.6% anual, entre 1995 y 2005, en vez de haber crecido el 2.6%(21).

La inmensa mayoría de los africanos llegados en cayuco no llegan a convertirse en inmigrantes porque ni residen, ni trabajan en Canarias. Constituyen un flujo de personas a las que se rescata, se detiene y se expulsa y, por lo tanto, el único problema que suponen es tener que asignar los recursos necesarios para afrontar el proceso descrito. Y la mayoría de esos recursos, así como los esfuerzos para limitar la salida de cayucos desde África, los proporciona el gobierno central. Por supuesto, estamos hablando de calderilla para un Estado como España.

El problema de los cayucos es inmenso para quienes viajan en ellos e irrelevante para Canarias y España. Sin embargo, numerosos responsables políticos y algunos líderes de opinión nos han familiarizado con los cuatro jinetes africanos del Apocalipsis que se cierne sobre Canarias. Al jinete de la Superpoblación le acompaña el jinete de la Avalancha de africanos que algún día nos invadirá. Detrás cabalga el jinete negro de la Crisis Económica y, más atrás aún, galopa amenazante el jinete de Al-Qaeda y la Enfermedad. Detengámonos en cada uno de estos jinetes del Apocalipsis y en sus galopes de desesperanza.

Lo que la vicepresidenta de Canarias describe como “sobrecarga demográfica” del Archipiélago(22) es un problema futuro, que se derivará de la reducción y encarecimiento del flujo mundial del petróleo, en los próximos decenios. De momento, hemos olvidado implementar alternativas energéticas y seguimos impulsando un modelo de desarrollo que demanda inmigrantes dispuestos a trabajar más por menos. Así que, como renunciamos a un debate racional e informado sobre nuestro modelo de desarrollo, la discusión pública se limita a cómo controlar los flujos de inmigración que atrae nuestra economía. Y, dicho esto, sólo podemos constatar la irrelevancia de los cayucos y de la población africana en nuestra “sobrecarga demográfica”.

En 2006, los africanos suponían el 1.2% de la población de Canarias, frente al 1.3% del año anterior. Sin embargo, se habló falazmente de 500.000 subsaharianos que aguardaban en Mauritania para viajar en patera a Canarias(23) y, más recientemente, el presidente del PP canario se refería a “los millones de africanos que quieren venir en cayuco”(24), olvidando la distancia que media entre querer y poder. El diputado Rivero declara que hay 100.000 inmigrantes en África con expectativas de llegar a España y que 15.000 cayucos les esperan en Senegal(25). Los jinetes de la Superpoblación y la Avalancha son un espejismo recurrente.

El jinete de la Crisis Económica podría dañar al sector turístico. El presidente regional, Adán Martín, destacó el buen agosto del sector hotelero canario, “a pesar del fenómeno inmigratorio”(26). La viceconsejera de Turismo afirmó que, “si las Islas siguen apareciendo a diario en las portadas de los medios internacionales con noticias desfavorables” sobre los cayucos, entonces habrá “un efecto negativo” en el turismo(27). El diputado Rivero añadió que “el gobierno canario asume con responsabilidad el deterioro de la imagen de las Islas, que está provocando el fenómeno [de las pateras], lo que puede afectar al turismo”(28). No obstante, unos días antes Rivero había declarado que la imagen turística de Canarias está “intacta”, pero, prosiguió, “si continúa este espectáculo lamentable” de los cayucos, “es probable que empecemos a sufrir las consecuencias” y eso “sería responsabilidad del Estado”(29). En suma, si hubiera crisis turística la responsabilidad se la repartirían entre Madrid y las pateras.

La Consejería de Turismo informó que un estudio de urgencia sobre la reacción de los turistas ante la llegada de pateras, realizado en Los Cristianos, mostró que nuestros visitantes comprendían el fenómeno de los cayucos y que no influía en su decisión de pasar las vacaciones en el Archipiélago(30). También los principales empresarios hoteleros de Tenerife han hecho saber que la afluencia de africanos en cayucos no ha influido en las reservas de los touroperadores(31). Y el propio viceconsejero de Inmigración, Froilán Rodríguez, coincide en que la inmigración “no está afectando al turismo”(32). Más lejos va el presidente de la Asociación de Agencias de Viajes de Las Palmas, Rafael Gallego, quien, tras constatar que las pateras no influyen en los turistas, añade que lo único que puede hacer peligrar al sector turístico canario son los discursos “partidistas y alarmistas”, sobre inmigración, de determinados políticos(33). Así pues, el jinete de la Crisis Económica sólo es una alucinación.

Nos queda el jinete de Al-Qaeda y la Enfermedad. Recientemente llegó un barco desde Senegal con ciudadanos asiáticos aspirantes a la condición de inmigrantes. En tal contexto, se nos informó que la policía senegalesa detuvo a 49 pakistaníes que pretendían llegar a Canarias y eran sospechosos de ser terroristas. Adán Martín declaró que “todos los canarios” nos sentimos “inseguros” y que el gobierno español “no cuenta con un plan integral de seguridad” para Canarias(34).

Unos meses antes se había divulgado la posibilidad de que terroristas de Al-Qaeda viajaran a Canarias en otra embarcación africana(35). Y, pese a que nada de esto es imposible, persiste la realidad de que el tipo de terrorismo mencionado nunca ha accedido a los países occidentales en patera.

También se habló de enfermedades introducidas por los africanos, hasta que Cruz Roja lo desmintió(36). Y, en el contexto de la alarma construida en torno a los cayucos, el presidente regional denunció en el Parlamento que el incremento poblacional ocasionado por “la inmigración irregular”, está “dificultando la sostenibilidad de servicios públicos como la sanidad”(37). El diputado José Miguel González añadió que los irregulares “influyen en que la gente tenga listas de espera más largas en los hospitales”(38). Nadie le recordó que el barómetro del Ministerio de Sanidad indica que la sanidad canaria es la segunda peor valorada del país(39). Ni que hay cuatro comunidades autónomas con más inmigrantes que Canarias(40) y con la sanidad mejor valorada.

Hemos inventado cuatro jinetes negros del Apocalipsis que no existen. Los cuatro jinetes bíblicos siguen devastando África y han tenido que venir los náufragos de las pateras para recordarnos que nuestros vecinos africanos se mueren. Según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores para 2004, Canarias destinó el 0.09% de sus gastos consolidados a ayuda oficial al desarrollo (sólo Galicia aportó un porcentaje menor). Pese a ello, el presidente Adán Martín declara que Canarias es la “portavoz” y “la conciencia” de quienes vienen en cayuco y que “nuestro comportamiento” pasará “a la historia como un ejemplo de solidaridad”(41). La realidad es obstinada y nos muestra la construcción de un discurso xenófobo antiafricano. Ya sólo nos faltan los africanos.

NOTAS

1 El Día, 8, 9, 2006.
2 El Día, 16, 5, 2006.
3 Diario de Avisos, 9, 9, 2006.
4 La Opinión, 19, 5, 2006.
5 Lorenzo Olarte Cullen, “la inmigración y la españolidad de Canarias”, La Provincia, 10, 9, 2006.
6 El Día, 8, 9, 2006.
7 Diario de Avisos, 9, 9, 2006.
8 La Opinión, 6, 9, 2006.
9 La Opinión, 10, 9, 2006.
10 Ministerio del Interior, Las repatriaciones desde el territorio nacional crecieron casi un 30% en 2004 respecto a 2003, http://www.mir.es/DGRIS/Notas_Prensa/Ministerio_Interior/2005/np021501.htm.
11 La Provincia, 19, 3, 2006.
12 La Opinión, 31, 8, 2006.
13 La Opinión, 1, 9, 2006.
14 La Opinión, 6, 9, 2006.
15 El Día, 28, 7, 2006.
16 Susana López, “Cerco al África negra”, El País, 14, 7, 2006.
17 Soledad Gallego-Díaz, “Cuentas contra cuentos”, El País, 14, 7, 2006.
18 El País, 22, 5, 2006.
19 El País, 29, 3, 2006.
20 El País, 9, 5, 2006.
21 Diario de Avisos, 29, 8, 2006.
22 El Día, 2, 2, 2006.
23 La Opinión, 15, 3, 2006 y 16, 3, 2006.
24 José Manuel Soria, “Un estatuto innecesario”, La Provincia, 17, 9, 2006.
25 La Opinión, 1, 9, 2006.
26 La Opinión, 21, 8, 2006.
27 Canarias 7, 24, 8, 2006.
28 El Día, 15, 9, 2006.
29 La Provincia, 10, 9, 2006.
30 Canarias 7, 24, 8, 2006.
31 Diario de Avisos, 9, 9, 2006.
32 La Provincia, 27, 8, 2006.
33 Diario de Avisos, 30, 8, 2006.
34 Canarias 7, 16, 9, 2006.
35 El Día, 6, 4, 2006.
36 El Día, 3, 9, 2006.
37 El Día, 8, 9, 2006.
38 La Opinión, 6, 9, 2006.
39 La Opinión, 21, 5, 2006.
40 El País, 26, 7, 2006.
41 La Provincia, 17, 9, 2006.


(*)
Coordinador Insular de Izquierda Unida Canaria en Tenerife
Publicado por ubara @ 12:22
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