SuperConfidencial Andrés Chaves
Sobre Puertos
1.- El presidente del Cabildo de Tenerife declaró el viernes a una emisora de radio isleña que el Puerto de Santa Cruz no puede ser desmantelado en beneficio del de Granadilla; y que el sureño, con más calado, debe ser un recinto relativamente pequeño, reservado exclusivamente al tráfico de las mercancías que llegan y se van de la Isla y a desembarcar por él los elementos necesarios para mantener nuestra pequeña industria. No quiso entrar Ricardo Melchior, que es una persona decente pero también prudente, a evaluar las premisas que yo sostengo: en torno al Puerto de Granadilla se ha tejido una madeja impresionante de tráfico de influencias, de utilización de información privilegiada y de enriquecimiento. Gente que ha comprado terreno a precio muy bajo y que lo ha vendido a tarifa de oro, untando por el camino a intermediarios que tenían la información y que la vendieron a buen precio. En la trama de aprovechados se encuentran constructores, ocasionales banqueros y hasta dirigentes políticos y empresariales que no resistirían la más mínima investigación.
2.- Ricardo Melchior no ha hecho otra cosa que advertir, incluso a sus compañeros de partido, Coalición Canaria, de que no se puede desnudar a Santa Cruz de una de sus fuentes de riqueza. Y aunque no lo ha dicho, probablemente estaría pensando también en esa suerte de monstruoso negocio que algunos miembros de su partido y otros piojos pegados hacen con el Puerto de Granadilla, aún sin poner la primera piedra de su estructura. Que le pregunten a ciertas empresas que necesitan instalarse en ese recinto a cuánto han comprado los terrenos y con quiénes han tenido que hablar. Yo hace mucho tiempo que me he dejado de chupar el dedo y después de 32 años de profesión no me sorprende casi nada de lo que ocurre en Canarias.
3.- Al margen de las condiciones diríamos inmorales en que nace el Puerto de Granadilla (y no digo que todos los protagonistas del proyecto lo sean, ni mucho menos), está el tremendo impacto ecológico que el recinto supone para el Sur de Tenerife. Un puerto industrial no es una instalación que deba estar cerca de un lugar turístico, ni una panacea para el mar, ni una bendición para los cielos. Todo lo contrario. Por eso comprendo también el grito de los amantes de la Naturaleza cuando se preguntan que dónde debe estar el límite. Sí a un Puerto de Granadilla pequeño, que vaya creciendo a medida que se le necesite, pero sin pretender destruir la isla por el Sur. Ni sustituir al histórico Puerto de Santa Cruz, que ha sido y debe seguir siendo la puerta de la Isla y una de las principales señas de identidad de la capital de Tenerife. Quienes creen que se van a enriquecer impunemente con el desarrollo de obras públicas inútiles que sepan al menos que los tenemos calados, aunque la pobre influencia del autor de esta crónica no logre con ella otra cosa que su derecho al pataleo. Qué pena de país y qué tristeza de concepto de la moral tienen algunos.