viernes, 17 de noviembre de 2006
Los abajo firmantes, deseamos adherirnos a la convocatoria de Asamblea por Tenerife para asistir a la Manifestación del 18 de Noviembre en la plaza Weyler, a las 11 de la mañana, y que llegará a la plaza de la Candelaria.

Al igual que en años pasados, razones para esta manifestación hay muchas, no sólo una. Aunque su argumento principal, y que aglutina la indignación de la gran mayoría de ciudadanos de esta isla, es la construcción de ese macropuerto industrial en Granadilla (absolutamente devastador, económicamente inadmisible y socialmente desestructurador), en realidad este megaproyecto es la punta del iceberg de toda una política nefasta de desarrollo insostenible, sin planificación real, sin visión de futuro, sin consideración sobre el verdadero interés general para toda la ciudadanía, y de absoluta irresponsabilidad con respecto a las consecuencias que tendrá en nuestra economía, naturaleza y sociedad.

Inmediatamente, junto a la lucha contra el Puerto de Granadilla, se fueron sumando muchas otras: contra la Vía Exterior, contra los Planes Generales de Ordenación de Santa Cruz, La Laguna, El Rosario, Candelaria, Tegueste, etc., contra la segunda pista del aeropuerto, contra la nueva autovía de anillo insular, contra el Plan Especial del Toscal, contra el derribo del Teatro Atlante en La Orotava, contra las demoliciones de pueblos costeros tradicionales por evidentes intereses urbanísticos, frente a edificios ilegales e impactantes en la costa que no se han derribado, contra la privatización de los derechos públicos más elementales, contra la evasión fiscal que supone la RIC para los grandes empresarios dedicados a la construcción, contra la manipulación de los medios informativos,…Todas estas luchas reflejaban la denuncia hacia este modelo socioeconómico equivocado, con una dramática desaparición de nuestro suelo rústico, disminuyendo de forma espectacular el sector primario, base de cualquier sociedad desarrollada.

Esos proyectos de grandes infraestructuras, con total imposición a la sociedad, de forma totalmente antidemocrática y claramente especulativos, son los que han provocado que salte una voz de alarma en nuestro interior, para darnos cuenta de que nos están tomando el pelo, de que nos están engañando cuando hablan de sostenibilidad, y de que en realidad el único modelo político que están llevando a cabo es el de favorecer a los poderes económicos establecidos, mientras aumenta la marginalidad, la pobreza, la destrucción ambiental y la desvertebración de nuestra sociedad. Ya no nos creemos que el progreso tenga que ir aparejado a un deterioro ambiental.

Se nos ha despertado la sensibilidad, no podemos seguir cerrando los ojos a la destrucción de nuestro territorio, de nuestro medio ambiente, de la pérdida de calidad de vida y, sobre todo, no queremos ser más testigos ni espectadores mudos del deterioro de nuestros servicios públicos y de nuestros bienes colectivos: salud, educación, cultura, protección de los menores, mayores y desfavorecidos, del agua, la energía, los recursos naturales, el aire…

Se están enriqueciendo unos cuantos a costa de nuestro patrimonio natural, a costa de nuestros presupuestos y a costa de cercenar un futuro digno para las próximas generaciones. Volveremos a ser emigrantes, y esperemos ser recibidos con los brazos abiertos, y no sufrir los calvarios que están viviendo actualmente los que vienen de países pobres a nuestras islas.

Dejémonos de hipocresías y de demagogia que no conducen a nada, a nuestros gobernantes no les gusta hablar de las causas de la inmigración, prefieren criticarse entre ellos para ver quién pone más medios para evitarla, para repatriarla o para explotarla. Sin embargo, la inmigración sólo se evita cuando estas personas no necesiten huir de su tierra para sobrevivir; cuando Occidente deje de pisotearla, cuando dejen de explotar sus recursos naturales controlando sus democracias, y aumentando sus dependencias del exterior. A Europa y Norteamérica no les interesa ayudarles a que tengan una verdadera autogestión, ni autosuficiencia alimentaria, ni cultura ni formación. Consideran África o Sudamérica como motivo de negocio y explotación barata, sin respeto ni dignidad hacia sus verdaderas necesidades. La inmigración es el reflejo de nuestros pecados, y como tales sólo nos interesa mantenerlos tapados.

La otra inmigración, la que llega por los aeropuertos, la blanca, lleva más de veinte años produciéndose y parece no preocupar a estos políticos; y es por donde han entrado las mafias, por donde ha venido mano de obra constante por falta de formación en Canarias, y por donde se ha producido el mayor flujo de entrada de personas procedentes de la Unión Europea que se quedan a vivir aquí, sin cotizar y ocupando territorio.

Ya hemos llegado a un punto en el que hablar de política, o por lo menos de los políticos que actualmente están en las instituciones, nos produce sensaciones de desprecio, de hartazgo, de tristeza. De una u otra manera los vemos relacionados con situaciones de inmoralidad, de falta de ética, de manipulación, o como mínimo de incoherencia. Y cada vez son más aquéllos a los que relacionamos con corrupción, prevaricación, malversación y tráfico de influencias.

Si estos políticos son el fiel reflejo de nuestra sociedad, un buen trabajo nos queda por hacer. Sólo siendo conscientes de esta realidad, sólo despertando por fin y definitivamente de este letargo, podremos revertir esta situación. Crear un mundo mejor, con valores ya casi perdidos, como la honradez, la honestidad, la coherencia, la transparencia, la valentía, la generosidad y el amor.

Más que nunca, apoyamos esta manifestación, que ha sacado a la calle dos años consecutivos a 100.000 personas, más multitud de actos a lo largo de la isla, más la mayor iniciativa popular legislativa de la historia de Canarias, y toda esta demostración de madurez democrática ha sido despreciada por los partidos gobernantes. Más que nunca está nuestra dignidad en juego, más que nunca callar ahora significa agachar la cabeza dejándonos vencer por la imposición del poder, sin reclamar que ese poder está en el pueblo, y es el pueblo el que está hablando.

Por tanto, hablar de esta manifestación es volver a dejar claro que no queremos un puerto en Granadilla, que revitalicen el de Santa Cruz, es recordarles que no sigan destruyendo suelo rústico para hacer más autovías, es reiterar que no pisoteen nuestros derechos en sanidad, educación, cultura, información, … Es decirles que nos dejen ejercer una auténtica democracia, con madurez y con dignidad. Es no consentir que los derechos de los trabajadores disminuyan, es recriminarles que no vayan a explotar países más pobres, porque todos somos iguales. Es expresar claramente que no queremos más especulación, ni más corrupción.

Como seres libres que intentamos ser, iremos a esa manifestación y nos sentiremos parte de este movimiento social en Tenerife, donde reina la diversidad, la pluralidad, la crítica, la lucha y la defensa de los derechos humanos, ambientales y sociales.

Crezcamos en conciencia.
Publicado por ubara @ 12:50  | Puerto de Granadilla
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