Carmen Nieves Gaspar Rivero *
Hace escasos días, al parecer, la Comisión Europea daba luz verde a la construcción del Puerto Industrial de Granadilla, según ellos porque “no existe otra alternativa viable”, a pesar de las afecciones medioambientales que reconoce en el Proyecto.
Ante esta noticia, los dirigentes que han apostado por este proyecto se frotaban las manos, se congratulaban, expresaban su contentura y satisfacción ante tal decisión, mientras que los que entendemos que este puerto es innecesario e inconveniente, seguimos creyendo que esta decisión es gravemente perjudicial para los intereses de una tierra que, a día de hoy, mantiene como base principal de su economía, una industria como la turística, que choca frontalmente con la idea de que en 30 kilómetros se pueden compatibilizar actividades de esta naturaleza con mantener un sur de Tenerife que siga siendo atractivo, seguro, apetecible para nuestros visitantes.
Con más o menos fortuna, hemos tratado de entender y de explicar qué se esconde detrás de esta apuesta, según nuestro criterio, descabellada. Pero tengo que reconocer, que otros lo han explicado con más claridad; y desde mi punto de vista, quienes mejor han expuesto las razones que pueden sustentar este afán desmedido por construir este puerto, curiosamente son algunos de los que con más ahínco lo han defendido. Ante la inevitable pregunta, ¿y ahora qué?, leíamos las recientes declaraciones del alcalde de Granadilla, quien decía estar muy satisfecho del “desbloqueo” del proyecto por parte de Europa; sin ningún género de rubor, Jaime González Cejas afirmaba que pretende ser el garante del cumplimiento de las medidas correctoras establecidas como condicionantes para la ejecución del puerto; el Ayuntamiento de Granadilla (y se refería a él mismo y su grupo, porque la oposición no es vista por él como parte del Ayuntamiento), el Cabildo de Tenerife, el Gobierno canario y el Gobierno central: todas, instituciones que apostaban por el macropuerto desde un principio, alegando que no tenía afección medioambiental, se postulan como aquellos que controlarán la efectiva aplicación de las medidas correctoras acordadas. ¡Menudos vigilantes!
Supongo que a partir de ahora no habrá inconveniente por parte del Ayuntamiento de Granadilla para que cuando se otorgue una licencia de obra, por ejemplo, sea el particular que la ha obtenido quien determine si se está cumpliendo con las condiciones para su otorgamiento, porque viene a ser lo mismo; no se preocupe alcalde, que yo mismo vigilaré y controlaré que cumplo con los retranqueos que se han establecido, con los límites de altura de las edificaciones o con la volumetría máxima.
Al margen de lo ilógico de este planteamiento, me parece que quienes deben “controlar” el cumplimiento de tales medidas, si finalmente se acomete este puerto, deberán ser aquellos que las establecieron, es decir, la propia Europa. Y en todo caso, con la presencia de quienes estimen oportuno, pero sin dejar que la determinación de si se están cumpliendo o no, sean justamente aquellos que han demostrado de forma continua que no están especialmente preocupados ni por la red natura, ni por las playas afectadas, ni, desde luego, por afectar lo menos posible al territorio.
En cualquiera de los casos, aparte del control en la fase de construcción del puerto, y con carácter previo a esto, ahora habrá que ver de dónde se van a sacar los fondos para su financiación. Ya planteaba Jaime González Cejas la posibilidad de utilizar fondos RIC para construir el puerto. Y no debe olvidarse que la RIC (Reserva de Inversiones Canaria) no es, ni más ni menos, que la parte de los beneficios que no han pagado determinados empresarios que ejercen su actividad en Canarias, porque se les ha “perdonado” esa deuda con la Hacienda canaria, para que la inviertan en la mejora de sus empresas, en su modernización, en la creación de empleo. En la práctica, todos sabemos que la RIC se destina a la compra de inmuebles que no son utilizados precisamente para el ejercicio de su actividad y que, chalets y villas de lujo, coches, pisos y locales en diversas zonas de las islas, y hasta embarcaciones de recreo, han sido adquiridos con fondos de esta naturaleza.
A nadie se le ha ocurrido, por ejemplo, que esos fondos que, repito, son dineros que podrían estar en poder de la Administración y, por tanto, de todos los canarios, debieran ser usados, al menos en parte, para financiar proyectos como los de los “hospitales del sur y del norte”, para mejorar las dotaciones del Hospital Universitario, o de la Residencia de La Candelaria, para financiar la construcción de colegios tan demandados en el sur, para construir centros que nos permitan ofrecer a nuestros mayores o de personas discapacitadas los cuidados que, en ocasiones, sus familias no puede ofrecerles, o para mejorar el estado de nuestras carreteras. Qué va, ni a una de esas mentes tan clarividentes que diseñan el futuro de nuestro municipio, de nuestra isla o de nuestra nación canaria, se le ha pasado por la cabeza tal ocurrencia.
Decía también el alcalde de Granadilla, en la correspondiente rueda de prensa a la que nos tiene tan acostumbrados, que “ahora pedirá” para inversiones en Granadilla; ahora, cuando se acercan una elecciones se preocupa por Granadilla, ahora, cuando las encuestas no le dan como claro ganador, trata de camuflar su desmedido afán por defender el puerto de Granadilla, por depredar el municipio con nuevas cartas a los Reyes Magos; pero la realidad es tozuda, porque si bien es cierto que Granadilla, como tantas veces hemos dicho, necesita de una mayor implicación de todas las Administraciones, esa petición en ningún caso, le va a servir de excusa y deberá responder ante nuestros vecinos, y ante las futuras generaciones de sus actos.
En cualquiera de los casos, igual de esclarecedor me ha parecido el hecho de que no han tardado ni dos días en salir en los medios de comunicación organismos como el Consejo Económico y Social, para dejarnos claro que “ahora” la apuesta es sacar de Santa Cruz las actividades molestas y nocivas para los vecinos del área metropolitana; y ahora nos vendrán la refinería, las cementeras que allí molestan y todo aquello que “no quepa” en el Santa Cruz cosmopolita que se pretende crear. Traslademos lo molesto, lo nocivo, lo peligroso al sur, rompamos las playas naturales del sur, creemos otras artificiales en Santa Cruz, pongámosle tranvía, auditorio, atraigamos el turismo de calidad y dejemos para el sur el turismo barato y la porquería de todo Tenerife. Hagamos unos hotelitos en primera línea de playa, hagamos un puerto de cruceros, de actividades deportivas, recuperemos nuestro aeropuerto de Los Rodeos, aunque sea a costa de desmantelar el Transoceánico Reina Sofía; tiremos la basura a nuestros vecinos los magos del sur. Y lo malo no es que lo pretendan, lo realmente malo es que nuestros representantes del sur lo permitan y, sobre todo, que nuestro pueblo del sur lo consienta.
Ahora también, leíamos también, voces tan autorizadas como la del candidato a la Alcaldía de Santa Cruz, que nos ha despejado cualquier otra duda que pudiéramos albergar; porque con su “tolerancia cero” a quien discrepe, llamando fundamentalistas a los colectivos ecologistas (y sin ser muy original por cierto, dado que es bastante light este calificativo si lo comparamos con el de “terroristas sociales” utilizado por otros), nos habla muy clarito; tendrá otras cosas, pero claro sí que es Ángel Llanos diciendo que esa reducción de la línea de atraque de 1.200 a 900 metros no ha sido más que una maniobra electoral del PSOE para dar la apariencia de mayor protección sobre el medio ambiente, “… ya que el impacto ambiental del primer proyecto y del aprobado esta semana es el mismo. Exactamente el mismo”. (Diario de Avisos, sábado 11 de noviembre de 2006). En ese aspecto, totalmente de acuerdo con usted, señor Llanos.
Pero no queda ahí el esclarecedor artículo de Ángel Llanos, porque nos ha dejado alguna que otra perla, digna de guardar en las cabezas de todos, como los dos retos que ahora se plantea afrontar: el primero de ellos se refiere a que “aquellos que quieran influir en las decisiones de las administraciones, deben presentarse a las elecciones”. Desconozco si se refiere al “pueblo llano” o también incluye a organizaciones empresariales, sindicales, colectivos sociales, asociaciones vecinales…. El caso es que ha quedado medianamente nítida la visión que parece tener el candidato a la Alcaldía de Santa Cruz de cuáles son los derechos de los ciudadanos: el único, votar cada cuatro años, y después, a callar todo el mundo. Qué curiosa coincidencia con lo que tantas veces hemos oído decir a Jaime González Cejas, alcalde socialista de Granadilla, porque parecen tener idéntica visión de derechos como el de manifestación, la iniciativa legislativa popular, el referéndum, en definitiva, las instituciones de democracia directa y la libertad.
Y el segundo reto que se plantea, desde ya, el señor Llanos es, cuando aún está calentita la decisión de Europa, cuando según dicen se exigió la reducción del puerto para que obtuviese su visto bueno: ampliar el Puerto de Granadilla. O sea, que aún no se ha empezado y ya pelea por su ampliación. ¿Pero no habíamos quedado en que el puerto se había reducido a lo estrictamente necesario y que además esta reducción era necesaria para cumplir con las afecciones que presentaba el proyecto inicial? Al menos, podía esperar a que maten totalmente los sebadales, se destruya completamente la playa de El Médano, se vea afectado el turismo para hablar de ampliación; porque entonces no habrá nada que proteger, y quizás no haya tantas pegas para ampliarlo, vamos se me ocurre.
Así las cosas, y manteniendo la esperanza de que se apueste por el camino que consideramos más adecuado, que es la ampliación del Puerto de San Cruz, el desarrollo del Polígono de Granadilla, la apuesta decidida por el ITER, y su potencialidad para convertirnos en referente para África de un desarrollo moderno de Canarias, en el que se usen pocos recursos naturales para obtener mejores resultados a utilizar por los canarios y para exportar, nos queda, desde mi punto de vista, utilizar los cauces democráticos que nos asisten, aunque no les guste a Jaime González Cejas o Ángel Llanos, entre otros; y esos cauces nos legitiman, ahora de nuevo, para estar el día 18 de de noviembre en Santa Cruz, diciendo por enésima vez que este puerto no es una necesidad primordial para los tinerfeños, que no lo queremos y que entendemos que, aunque elijamos a nuestros representantes por sufragio, como dice la Constitución, la soberanía (manifestación política del poder), sigue residiendo en el pueblo. Y, por tanto, ningún cargo público elegido o elegible puede limitarla.
Ahora es nuestra oportunidad, puede que última; y si hace un año fuimos 100.000, ahora nos toca ser muchos más. Si de verdad nos importa lo que pase con nuestro presente y nuestro futuro. Y si no, ya no valdrán lamentaciones, ni quejas, ni reproches. Si no, dejaremos que los González Cejas, los Llanos o los Martines, cual tutores de nuestra inválida voluntad, decidan por nosotros.
Yo estaré el día 18 en Santa Cruz diciendo nuevamente no al puerto de Granadilla, si a nuestro futuro, si al turismo en el sur, sí al trabajo para dar satisfacción a las necesidades de nuestra gente. Sí a una Granadilla con progreso real, a un Tenerife con esperanza, a una Canarias con futuro. Allí nos vemos.
* Carmen Nieves Gaspar Rivero es portavoz de Coalición Canaria en el Ayuntamiento de Granadilla de Abona