Probablemente las mayores fortunas de Tenerife y de Canarias han salido estas últimas décadas de los barrancos de Güímar con la explotación, ilegal en la mayoría de los casos, de areneras que han abastecido la floreciente industria del ladrillo, el piche y el hormigón.
Los constructores más poderosos e influyentes de Tenerife llegaron en su día sin autorizaciones, sin planes, sin proyectos, sin estudios de impacto, sin estudio alguno de la posible regeneración de los terrenos afectados y, eso sí, con la connivencia de nuestra querida y amada clase política y llevaron a cabo unos tremendos socavones -de hasta 80 metros de profundidad- sin mayor consideración ni hacia los vecinos, ni hacia los cultivos e, incluso, sin las debidas precauciones para elementos tan fundamentales como las vías de comunicación.
De ahí que estos días se haya vuelto a repetir una situación gravísima para los vecinos de la zona dado que, como ya ocurriera en el año 2002, de nuevo unos cincuenta metros del Camino de Los Zarzales se hayan hundido como consecuencia de las recientes lluvias. Evidentemente los que se han llevado la arena y la pasta en cantidades industriales, provocando esos impactasteis y peligrosísimos socavones, no se hacen ni se harán responsables de nada. Tampoco es probable que las administraciones públicas estén por la labor de exigirles reparación alguna a aquellos que les financian las campañas electorales y otras cosas más inconfesables.
Por eso es que los vecinos, como siempre, se han comenzado a organizar para exigir que se repare este desaguisado ante la incompetencia y la inactividad de los que cobran jugosos sueldos para ocuparse de los problemas de la gente. En fin, nada nuevo bajo el Sol. La misma desvergüenza de siempre que no se solucionará ni con cuarenta 'garzones' trabajando a destajo.
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