Lunes, 11 de diciembre de 2006
Francisco J. Chavanel
1.-Histeria victimista
Esos golpes en el pecho, esa histeria victimista, ese ?nos atacan los extranjeros, todos a las armas? nos resulta familiar, cansinamente repetitivo. Esa conspiraci?n urdida entre varios poderes del Estado, supuestamente conectados con Gran Canaria, para destrozar una min?scula c?lula es m?sica conocida; en realidad la llevamos escuchando por aqu? desde que varios grupos insularistas, cada uno hijo de su madre y de su padre, formalizaron algo parecido a un n?cleo nacionalista que, con sus extraordinarios conocimientos de la materia y de la debilidad humana, controla Canarias desde hace quince a?os.

Pero ocurre que ?ltimamente el n?cleo se va reduciendo a su propio g?nesis. Ente las guerras ca?nitas y sangrientas libradas en Lanzarote y Gran Canaria, y la hegemon?a abrasiva tinerfe?a, el disfraz ya no enga?a a nadie, y lo que queda es lo que siempre hubo desde el principio: ansias de poder, ansias de reparto y grietas que se abren porque las canonj?as se distribuyen entre los mismos. El motor no da para m?s: ausente cualquier ideolog?a, agotados de enga?arse mutuamente, frontalmente divididos entre s?, los que saben de verdad de ?sto no hallan otro remedio para sus males que una ?ltima dinamitaci?n y empezar de nuevo con los restos del naufragio.

ATI tuvo primer aviso serio con las manifestaciones de Vilaflor y Granadilla. A la primera contest? con fingida humildad ya que las elecciones de 2003 estaban a la vuelta de la esquina; y en la segunda la ?humildad? se convirti? en desprecio e insulto hacia los sedicentes, a los que trat? de ?enemigos? a los intereses de Tenerife y, por supuesto, como elementos ?pagados? por el sanedr?n grancanario. Ha sido esa pretensi?n tan suya de refugiarse en la impunidad la que ha impulsado una resistencia ciudadana que tiene sus m?ximos exponentes en las denuncias de abuso de poder por su actuaci?n en el puerto de Granadilla y, sobre todo, en el caso Las Teresitas, milagro de multiplicaci?n de panes y peces sin que los empresarios del r?gimen pongan ni panes ni peces. Bast? con pedir un cr?dito a una entidad financiera controlada por ATI para que Plasencia y Gonz?lez compraran lo que perfectamente pudo transar el Ayuntamiento de Santa Cruz sin necesidad de intermediarios, y as? llevarse a los bolsillos 150 millones de euros, de los que 100 entraron limpios de polvo y paja en sus respectivas cuentas de resultados.

2.-Las Teresitas y la ?discrecci?n? de la fiscal Farn?s

Sin embargo lo que reclaman Zerolo, sus asesores, y el universo ?tico, es que miremos para otro lado, como si el Teide, con su gigantesca sombra, tuviera la virtud de alejar los malos esp?ritus de la especulaci?n urban?stica en Tenerife. Por ello la pregunta que nos hacemos los comunes de los mortales, completamente ajenos a las bondades de las influencias celestiales, es: ?c?mo que no hay que investigar lo sucedido en Las Teresitas cuando del relato pormenorizado de los hechos se deduce uno de los pelotazos m?s sabrosos e incontestables de los ?ltimos tiempos? Lo que no se entiende es la lentitud pasmosa de Mar?a Farn?s, fiscal anticorrupci?n de Tenerife, que en vez de enviar el caso a un juzgado de instrucci?n para que efect?e la correspondiente investigaci?n como sucede regularmente, lo guarda en su poder como si fuera una obra de arte, secuestrando cualquier posibilidad de progresar en una direcci?n aclaratoria.

Menos mal que ya sabemos que estas alturas la Fiscal?a Anticorrupci?n del Estado tiene muy clara la calidad del ?trabajo? de Farn?s y las peculiaridades de su entorno. Y a?n as?, con Farn?s en fuera de juego, ser? bastante dif?cil demostrar el supuesto delito al haberse perdido un tiempo precioso para acumular pruebas en contra de los implicados. A Zerolo le gusta Farn?s cuando es discreta, y tambi?n su paso de tortuga. Nunca se quej? antes de su extraordinaria paciencia. Pudo haberlo llamado a declarar y lo dej? pasar; pudo haberle grabado conversaciones privadas, y no quiso; pudo siquiera obligarle a dar un paseo al juzgado, y esa mala experiencia se lo evit?. ?Cu?nto habr? que mentir para no llegar a lo realmente importante y aclarar para siempre que en la ATI santacrucera estaban encantados con Farn?s?

Claro que ATI ha dejado de ser un bloque homog?neo. El ?caso las Teresitas? supon?a para algunos el entierro pol?tico de Miguel Zerolo, ?una joven promesa? a la Presidencia del Gobierno de Canarias con demasiados techos de cristal. M?s o menos como Soria. Y en ?sas estaban Paulino Rivero y Ad?n Mart?n, disput?ndose la candidatura a golpe de borrasca, cuando el plexo solar del ultrainsularismo sufri? el impacto del auto de Garz?n.


3.- El factor Luis Su?rez Trenor


El auto en s? es floj?n y no se entiende, tras una primera lectura, este ambiente de excitaci?n y esc?ndalo montado por ATI. El documento remite una serie de conclusiones, muy cogidas por los pelos y emparentadas con los agujeros multimillonarios dejados por Forum Filat?lico en las cuentas de un mont?n de peque?os ahorradores, para que sean investigadas por el tribunal canario correspondiente. Baltasar Garz?n, el juez presumido, encantado de conocerse, el h?roe de las tragicomedias medi?ticas, el que cree que este pa?s no funciona sin su af?n justiciero, desahoga una parte casi invisible de su compleja investigaci?n, enviando al TSJC, ?ltima frontera de la naci?n, un asuntito que, con seguridad, conoci?ndole, ni le va ni le viene, pues a su santa voluntad lo que le apremia es pillar al pez grande, al parecer muy cerquita de los predios del PP. Paulino Rivero, sin querer, da en la clave el d?a que se conoce la noticia: ?Miguel Zerolo me ha dicho que no quiere repetir para la Alcald?a?. Consumaba el entierro. ?Las Teresitas? y el puertito de San Andr?s eliminaban de la circulaci?n al ni?o bonito de Santa Cruz, el ejemplo cincelado del fijosdalgo provinciano que se levanta a las once de la ma?ana, vencido por la sabidur?a del ?mago?. Un resbal?n de Rivero, puede que el error de su vida.

Porque Rivero no repar? en el elemento esencial del auto de Garz?n, circunstancia que s? hicieron los patricios de ATI. El auto tocaba fundamentalmente a Luis Su?rez Trenor, presidente de la Autoridad Portuaria, el Luis Hern?ndez de los tiempos m?gicos de Ican dominando Gran Canaria; para entendernos, un tipo con mejor caballaje que Mart?n Paredes, uno de esas piezas que engrasan las m?quinas de los partidos y que llenan de pancartas la ciudad, y de anuncios los peri?dicos. Vamos: el hombre que lo sabe todo de todos. La santab?rbara de ATI. Veinte a?os ah?, prestando apoyo log?stico, centralizando todos los deseos e ilusiones de los empresarios de pelaje, dan para mucho. Zerolo, a su lado, es una comparsa. Parece que todo el ruido que escuchamos en Tenerife es por Zerolo, al que algunos quieren santificar aprovechando la coyuntura de las ?maldades? del ministro Juan Fernando L?pez Aguilar. Pero no, el miedo, el terror, el p?nico que enloquece sus verbos es por si cae Su?rez Trenor, y por si en su ca?da arrastra a todos los ?zerolos?, ?padres? de Zerolo, al ?Club Oliver?, y a todo un mundo de argamasa formado por influencias, y los viajes de ida y vuelta de negocios articulados en torno al poder. Ese mundo era impenetrable hasta ahora.


Esa foto conjunta de Zerolo, Paulino, y un envejecido Manuel Hermoso sacado de prisa y corriendo del museo de antig?edades demuestra que la marca est? en peligro, y que a la marca, desde luego, le importa un pimiento ser autonomista, aparentarlo, disimularlo, o ciscarse en todo lo que huela a regional. Lo ?nico que importa en esta hora de la verdad es que los se?oritos de su orilla sigan desarrollando su particular manera feudal de entenderse con sus vasallos, lo que significa pol?tica de tierra quemada, vuelta a los or?genes, pleitito insular.
[email protected]
Publicado por ubara @ 12:30  | opini?n
 | Enviar