Lunes, 11 de diciembre de 2006
Pinochet, mucho peor que un simple dictador: el primer gobernante que puso en pr?ctica el neoliberalismo


Juan Torres L?pez
Rebeli?n


Se suele presentar a Pinochet como un dictador m?s de los tantos que han sembrado de muerte y desgracias la historia latinoamericana pero no conviene equivocarse.

El militar chileno, traidor a su gobierno leg?timo, sanguinario desde joven y mentiroso siempre, fue, sobre todo, el instrumento necesario para poner en marcha y experimentar el proyecto neoliberal que los grandes centros del poder econ?mico mundial dise?aban para recobrar las posiciones que les hab?a hecho perder la gran crisis de los a?os sesenta y setenta.

El agotamiento del modelo econ?mico y la fuerza que el pleno empleo hab?a dado a las clases trabajadoras de los pa?ses occidentales minaba las tasas de beneficio, mientras que la presencia referencial de la antigua Uni?n Sovi?tica mostraba al mundo entero que, por muy imperfecta que apareciese, hab?a una alternativa efectiva al capitalismo.

A principios de los a?os setenta la situaci?n se hizo especialmente problem?tica y desde Estados Unidos se comenz? a urdir una estrategia que se basar?a en cuatro grandes procesos: una ampl?sima reconversi?n tecnol?gica (que lideraron las grandes empresas multinacionales), un sustancial cambio de coordenadas en la pol?tica econ?mica (que planific? el equipo liberal del Presidente Nixon), una aut?ntica catarsis social mediante la generaci?n planificada del desempleo (cuya otra cara ser?a la ca?da brutal de los salarios) y el endeudamiento generalizado (cuya contraparte ser?a una alt?sima retribuci?n de los capitales gracias a los tipos de inter?s mucho m?s elevados) y una ofensiva ideol?gica y pol?tica (la ?revoluci?n conservadora?) que abanderar?an Ronald Reagan, Margaret Tatcher y el Papa Juan Pablo II.

Pero ese plan, cuyas estrategias y contenidos fueron solidificando a lo largo de la d?cada de los setenta, era intr?nsecamente conflictivo. Entre otras cosas, supon?a desactivar la resistencia sindical, silenciar las reivindicaciones obreras, poner en marcha novedosas formas de regulaci?n econ?mica a trav?s de las privatizaciones y de la liberalizaci?n de la industria y los servicios, obtener recursos para financiar y apoyar el gasto que iba a suponer a las empresas la reconversi?n tecnol?gica para lo que hab?a que desmantelar el Estado y el gasto p?blico y social, cambiar el discurso del bienestar por el del individualismo, desarticular las instituciones de di?logo y coordinaci?n internacional...

Era, en consecuencia, un proyecto complejo y dif?cil, arriesgado y de casi imposible implantaci?n simult?nea en todo el planeta. Para ponerlo en marcha con ?xito conven?a actuar preventivamente en tres frentes fundamentales.

En primer lugar, bloqueando o incluso eliminando el papel referencial de la Uni?n Sovi?tica, lo que llev? a dise?ar planes de desestabilizaci?n en los pa?ses socialistas m?s sensibles a la atracci?n occidental, como Polonia y, al mismo tiempo, a dar un aceler?n en la carrera armamentista que liquidara las posibilidades de desarrollo de la ya por s? enferma econom?a sovi?tica.

En segundo lugar, abortando cualquier otro experimento de cambio social, por muy t?mido o reformista que fuese, como el que se estaba llevando a cabo en Chile bajo el mandato del Presidente Salvador Allende.

Finalmente, se hac?a necesario experimentar, en la medida de lo posible, las medidas m?s radicales de la estrategia liberalizadora. Unas medidas que en aquel tiempo s?lo sosten?a una minor?a exigua de los economistas te?ricos y pr?cticos m?s renombrados y sobre cuyos resultados sociales y econ?micos cab?an todav?a muchas dudas. Ese era el caso, por ejemplo, de la privatizaci?n de los sistemas de pensiones p?blicas o de la reducci?n radical del gasto p?blico, pasos imprescindibles para que el capital privado pasara a disponer de fondos y rentabilidad suficientes en la coyuntura que se avecinaba.

A lo largo de la d?cada de los setenta se fueron urdiendo todos esos procesos que culminar?an con la llegada de Tatcher y Reagan al poder y con la elecci?n del cardenal polaco Karol Woijtyla como m?ximo dirigente de la Iglesia cat?lica.

La coordinaci?n entre ellos, las reuniones mantenidas en instituciones y foros diversos, la similitud de los discursos que se fueron fraguando gracias a sus intervenciones p?blicas y la coincidencia de las orientaciones estrat?gicas que proyectaban esos tres dirigentes mundiales son bien conocidas y han sido ampl?simamente documentadas.

Pero como acabo de se?alar, el ?xito final de ese proceso no hubiese sido posible sin las experiencias previas, sin los ensayos y sin el ejercicio de desmovilizaci?n que se llev? a cabo, principalmente, en el Chile fascista de Pinochet.

Es precisamente por eso que el aut?ntico papel hist?rico de Pinochet no puede ser entendido solo en su lectura nacional o como mera expresi?n del militarismo cesarista que inspir? tantas dictaduras latinoamericanas, e incluso ni siquiera s?lo en t?rminos de representar, como en tantas otras, a los sectores m?s privilegiados y reaccionarios de su pa?s frente a la experiencia progresista de la Unidad Popular.

El dictador chileno mostr? bien pronto que no actuaba solamente como el t?pico mat?n cuartelero sino que su r?gimen respond?a, sobre todo, a una doctrina y a un proyecto econ?micos novedosos.

As?, Pinochet fue el primer gobernante en poner en marcha procesos de liberalizaci?n y privatizaci?n y no es casualidad que contara desde el principio con la simpat?a y el apoyo de los liberales m?s preclaros de su tiempo, como Hayeck o el recientemente fallecido Milton Friedman.

Hayeck fue entrevistado en 1981 por el diario chileno El Mercurio y sus declaraciones dejaban ver claramente la naturaleza experimental de la dictadura chilena y el benepl?cito que le daban los intelectuales que estaban dando apoyo ideol?gico al proyecto de implantaci?n del neoliberalismo: "Mi preferencia personal ?dijo el Premio Nobel- se inclina a una dictadura liberal y no a un Gobierno democr?tico donde todo liberalismo est? ausente".

Por su parte, Milton Friedman hab?a visitado mucho antes Chile donde fue recibido con ?c?lida hospitalidad? seg?n sus palabras. El propio Pinochet le pidi? consejo y Friedman le envi? una larga y cari?osa carta de apoyo en la que, adem?s de darle recomendaciones, le reconoc?a su papel de adalid del neoliberalismo: ?Estoy conciente de que su gobierno ya ha dado pasos importantes y planea otros futuros en orden a reducir las barreras al comercio internacional y a liberalizarlo, y que, como resultado de ello, la ventaja competitiva real de Chile se refleja mejor en ?ste hoy que en las d?cadas pasadas (?)?. En otro momento, Friedman calific? el golpe de Estado como ?no m?s que un bache en la ruta?, ?un per?odo de transici?n? para lograr un crecimiento econ?mico sostenido.

La pretensi?n neoliberal de la dictadura ha sido reconocida ampliamente. As? lo hace, por ejemplo, Jes?s Pi?era, que fue primero Ministro de Miner?a (devolviendo a la propiedad privada este sector estrat?gico) y luego ministro del Trabajo y Previsi?n Social y como tal art?fice de la privatizaci?n del sistema chileno de pensiones, una privatizaci?n ejemplar para los liberales y desastrosa para los trabajadores, algo hasta tal punto sabido que el propio Pinochet no la aplic? a los militares y polic?as. En su art?culo Milton Friedman y sus recomendaciones a Chile lo dice claramente: ?Las ideas de Milton Friedman fueron claves en la Refundaci?n de Chile?.

Otro economista liberal de Chicago y una de las personalidades econ?micas m?s importantes de la administraci?n norteamericana en los ?ltimos decenios, George Shultz (al que significativamente se le ha llamado ?el hombre del modelo chileno de fascismo?), tambi?n reconoci? que detr?s del golpe de Pinochet hab?a todo una primicia del experimento neoliberal. En una entrevista con la televisi?n PBS el 2 de octubre del 2000, habl? de la situaci?n de Chile: ?Las Fuerzas Armadas tomaron el poder, y no cabe duda que hicieron cosas innecesariamente brutales en el proceso; pero, no obstante, lo tomaron. . . Hubo una gente en Chile que vino a conocerse como los ?Chicago Boys?; estudiaron econom?a en la Universidad de Chicago. . . As?, de forma gradual evolucion? en Chile una econom?a al estilo de la Escuela de Chicago. Y funcion?.

El car?cter precursor de lo que hizo Pinochet en Chile, no limit?ndose a establecer una dictadura al viejo uso en un pa?s de la periferia sino experimentando el modo de civilizaci?n que se quer?a imponer m?s tarde a todo el mundo, fue lo que hizo que, a pesar de tener sus manos ensangrentadas y de ser un ladr?n y un vil asesino, gozara del apoyo y la amistad de los principales gobernantes de su ?poca, de Tatcher, de Reagan y, por supuesto, de la jerarqu?a cat?lica que, con honrosas excepciones como las del cardenal Silva Henr?quez, bendijo una y mil veces a la dictadura chilena.

El apoyo de Juan Pablo II y el Vaticano a Pinochet bien fue evidente. Durante la visita del Papa a Chile (y a diferencia de lo que el polaco sol?a hacer cuando se enfrentaba a te?logos de la liberaci?n, dirigentes de la izquierda y pol?ticos progresistas en general cuyas manos, sin embargo, nunca estuvieron llenas de la sangre que corr?a por las de Pinochet) no sali? de su boca ni una sola palabra de condena de la dictadura ni de los continuos atentados contra los derechos humanos que de modo bien evidente se comet?an en Chile. Siendo los cr?menes de la dictadura harto evidentes, no cabe sino pensar que, con su silencio, Juan Pablo II los justificaba o legitimaba.

El te?logo cat?lico Juan Jos? Tamayo dice en su art?culo Los hombres de Pinochet en el Vaticano que "la estrategia seguida por el Vaticano en el caso de Pinochet me parece ?tica y evang?licamente injustificable", y muy expresivamente expresa lo que entonces ocurr?a: "una dictadura apoya y legitima otra dictadura".

No se trata de hacer juicios de intenciones, ni tan siquiera es necesario interpretar la naturaleza del silencio papal ante los cr?menes de la dictadura chilena pero s? hay que afirmar con toda rotundidad que Juan Pablo II fue c?mplice de Pinochet en la misma medida en que ambos estaban comprometidos con un proyecto pol?tico evidente y en que ambos fueron operadores singulares de la puesta en marcha del neoliberalismo, uno como avanzadilla en Chile y otro en todo el mundo.

En definitiva, la historia pol?tica de Augusto Pinochet no es la de un dictador m?s de la periferia, sino la de un precursor del neoliberalismo. Y, por esa condici?n, legitimado, aplaudido y protegido por los mismos que m?s tarde lo pusieron en marcha en otros lugares.

Conviene saberlo y subrayarlo porque es imprescindible saber que el origen del neoliberalismo est? lleno de sangre inocente, que es intr?nsecamente contrario a la libertad y a la dignidad humanas, y que es desastroso en sus resultados econ?micos y sociales, como lo fue en Chile, en donde la econom?a y los beneficios crecieron pero con la mayor desigualdad de su historia, con la pobreza m?s elevada y con tremenda frustraci?n social y personal.

No es casualidad, precisamente por eso, que la historia personal del propio dictador sea como la del neoliberalismo: mentirosa y corrupta. No es casualidad que el primer gobernante neoliberal fuese un dictador, un traidor a su patria y un ladr?n de bienes p?blicos. Como no es casualidad que quienes tanto hablan de derechos humanos lo aplaudieran y protegieran, mostrando de esa forma la c?nica forma de entender la justicia y el derecho del neoliberalismo.

Es una desgracia decirlo pero es algo que no podemos olvidar: desaparece Pinochet pero queda gran parte de su obra. Por eso lo respetan tanto y por eso lo protegieron en vida.

Pero sea como sea, al final de su vida qued? ya todo evidente. Supimos desde el principio que fue un traidor y un asesino; m?s tarde se descubri? que, adem?s, fue un ladr?n. Ahora van a saber qui?n fue hasta los mism?simos demonios. Nunca mejor dicho, porque ser? al infierno donde acuda si es que de verdad hay justicia eterna.



Juan Torres L?pez es catedr?tico de Econom?a Aplicada en la Universidad de M?laga (Espa?a) y colaborador habitual de Rebeli?n. Su p?gina web es www.juantorreslopez.com
Publicado por ubara @ 12:34
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