Martes, 19 de diciembre de 2006
Jos? H. Chela


Son ?stas que estamos viviendo ?o a punto de vivir- unas navidades turbias, en vez de blancas, te?idas por el color del lodo, y es un eufemismo, de las corrupciones concretas y de las corrupciones presuntas. La m?quina de la Justicia no se detiene a comer los turrones ni a brindar con los cavas de los almuerzos y cenas oficiales, de los convites institucionales, de las citas gastron?mico-festivas de las organizaciones empresariales y de los partidos. Los periodistas acuden a estas invitaciones impert?rritos ante lo que sucede y lo que se avecina. Las conversas en las mesas atiborradas var?an sustancialmente dependiendo de si en ellas hay solamente informadores, comentaristas, currantes de redacci?n o si, adem?s, se sienta a ellas alg?n miembro de las organizaciones convocantes, lo cual corta mucho la espontaneidad del gremio. Una cosa es lo que cuentan los medios y, otra, muy distinta a veces, lo que comentan entre s? los mediadores, los trabajadores de a pie del ordenador o del micr?fono. El cuarto poder es el poder de los empresarios que mantienen ?o utilizan- los peri?dicos, las emisoras, las teles. Los periodistas presumimos de formar parte de ese poder, de manejar alg?n hilo, de gozar de alguna influencia en tanto y cuanto nos lo permiten o interesa a quienes nos pagan, pero, individualmente, carecemos de fuerza. Qu?tenle al mejor profesional de este oficio la tribuna desde la que pueda expresarse y se convertir? en un ciudadano del com?n sin el menor eco en la sociedad.
As? son las cosas.

As? son, aunque haya gentes tan disparatadas, noveleras, interesadas y demag?gicas capaces de trasmitir al personal que las advertencias, rumores o primicias noticiosas y noticiables ofrecidas por un periodista puedan llevar a la c?rcel a un pol?tico un par de d?as despu?s de publicarse. Sin m?s. Felicidades, Carlos Sosa: da gusto tener amigos que se erigen en excepcional excepci?n.

Esta Navidad turbia es, aparentemente y no obstante, una Navidad como cualquier otra. La convulsi?n sociol?gica que gener? en Tenerife el auto del juez Garz?n sobre la posible implicaci?n de Zerolo y Trenor en los manejos fraudulentos de F?rum Filat?lico y la proximidad inminente del desenlace del caso Las Teresitas, ha dado paso, en la ciudad y en la Isla, a una especie de comp?s de espera comunal sustanciado en un silencio denso que hasta parece pactado. Las discusiones y pol?micas de los primeros d?as en todos los ?mbitos han cesado, como acallados por los villancicos que surgen de las bocas de los comercios y el ajetreo consumista de las calles m?s c?ntricas y bulliciosas. Se dir?a que el personal aguarda acontecimientos. Lo que sea sonar?. Y que tampoco est? dispuesto a amargarse las fiestas por lo que ocurra. Nadie se cree que el cielo vaya a desplomarse sobre Santa Cruz acabe este culebr?n como acabe ni nadie, en contra de lo que se afirma a veces, se pone en el pellejo del alcalde. Ya lo he repetido aqu?: una cosa son las adhesiones ?interesadas o no- y otra, la empat?a llevada a sus ?ltimos extremos. Hay unas investigaciones en marcha y han coincidido con unas fechas de paz y de concordia en las que siempre se desea lo mejor a los hombres de buena voluntad. Est?n en el ojo de mira de la Justicia o sean los encargados de que ese ojo no se desv?e y contemple las cosas de la manera m?s correcta y objetiva posible.

Que as? sea, oigan.

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Publicado por ubara @ 15:31  | opini?n
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