Viernes, 22 de diciembre de 2006
Francisco Pomares

Ya conocen la un?nime decisi?n del Cabildo tinerfe?o de proponer al intr?pido editorialista y sin par medallista como Premio Canarias de Comunicaci?n. Resulta que ese Premio, seg?n la ley que lo regula, "ser? concedido a aquellas personas o entidades cuya labor haya contribuido... ...a divulgar los valores propios de nuestra Comunidad Aut?noma". Ah? es nada, qu? adecuado: como si la Asociaci?n Rab?nica propusiera premiar al doctor Menguele.

Nuestro agreste cazador de canariones, moros y negros de diferente tama?o y pelaje se ha hecho merecedor en los ?ltimos a?os de un sinf?n de reconocimientos, placas, medallas y distinciones. La lista completa, incluyendo el diploma del club de ping-pong de Candelaria, ronda todav?a por la Web, para mayor gloria de este patricio h?brido del Mr. Scrooge dickensiano y el p?rfido se?or Burns de los Simpson.

Y digo yo que aunque muchos nos hayamos acostumbrado a que se trabaje los premios con el mismo entusiasmo con el que da codazos para salir al lado de los famosos en las fotos o para sentarse a la diestra de quien sea en los ?gapes, eso no debiera justificar ni la cobard?a ni el silencio. Porque si hay alguien que no merece un Premio Canarias es precisamente quien anda empe?ado en cruzadas tan peregrinas como la de quitarle a Gran Canaria el Gran, o se prodiga en gestos de particular buen gusto, como calificar editorialmente a los gcanarios de "ratas que muerden y soplan" (sic), o -ya en lo humanitario- defendi? militante la marcha racista que contamin? las calles chicharreras.

Jos? Rodr?guez es alguien conocido en Tenerife. Y eso a pesar de que sus editoriales no los lee nadie, no lucen mucho m?s que sus comportamientos y sus titulares, a veces zafios y a veces directamente rid?culos, actitudes y estilos que no soporta ni su sufrido personal de redacci?n. ?l contesta a los de dentro con presiones feudales, y a los de fuera alegando estratosf?ricas difusiones logradas multiplicando por diez cada uno de sus peri?dicos vendidos, y vociferando cual Franco subido a la pe?a que cualquier ataque a ?l es un ataque a Tenerife. Su vesania y salvajismo en el insulto a quienes disienten de su patri?tica forma de entender el mundo como sucursal de su patio de Monipodio es proverbial.

Pero el hombre goza de una suerte de impunidad social. Una impunidad que no es fruto del respeto a su provecta ancianidad, sino del inter?s de parte de la dirigencia tinerfe?a por tener de compa?ero de viaje a alguien tan blando y servil con ellos, alguien que es capaz de ponerse al servicio de lo que sea, a cambio de una croqueta preferente en un c?ctel, una menci?n honor?fica o una placa distinguida.

Entre los que quieren una prensa mansa y sumisa, y la cobard?a de los que no son nunca invitados al banquete concertado entre el poder y su medio predilecto -pero aspiran a serlo-, se urden unanimidades tan bochornosas como la del Cabildo tinerfe?o. Una peque?ita verg?enza.

Fuente: La Opini?n de Tenerife, 22-12-06
Publicado por ubara @ 16:59  | opini?n
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