Mi?rcoles, 24 de enero de 2007
Enrique Bethencourt
En la obligada espera del sem?foro, el taxista, latinoamericano, mira al coche de al lado, ocupado por dos hombres y una mujer de piel negra, y me dice buscando complicidad: ?M?relos, vienen en patera y terminan con autom?vil propio?. Con toda probabilidad, los ocupantes del cercano veh?culo llegaron a Canarias en avi?n, igual que el parlanch?n taxista, que parece considerarse con m?s derechos que otros exilados econ?micos o pol?ticos, que hasta en los inmigrantes debe haber clases en funci?n de criterios ?tnicos, nacionales o ling??sticos. Le doy mi opini?n sobre el fen?meno migratorio, y opta por no hablarme el resto del trayecto. Me sucedi? la pasada semana en Las Palmas de Gran Canaria, cuando ha disminuido la llegada de cayucos, tras un a?o, 2006, de r?cord, con numerosas muertes conocidas en nuestras costas o en las del cercano continente africano y con muchas m?s en cualquier lugar del oc?ano. Con repetidos dramas humanos y la presencia de algunos bellos gestos humanitarios por parte de la ciudadan?a, que no todo es insolidaridad y miedo al otro. Nunca Canarias hab?a estado en tantas ocasiones en primer plano informativo. Lo que han venido transmitiendo los medios parece traducirse en una invasi?n en toda regla, casi se dir?a que planificada. Y ello se interioriza por parte de una poblaci?n que empieza a pensar c?mo va a ser posible la vida cotidiana con tantos miles de reci?n llegados, encima hambrientos y sin trabajo.
Ante ello, surgen propuestas efectistas. Como la implicaci?n de la Armada, apoyada por el Parlamento canario. Una Armada que har?a lo que hacen el buque hospital Esperanza del Mar o las dotaciones de Salvamento Mar?timo: rescatar a los integrantes de las embarcaciones y llevarlos a tierra. Porque no creo que est?n pensando en torpedear las d?biles barcas o en imponer un bloqueo naval al Archipi?lago. Por cierto, la guinda en esta materia la puso el secretario de organizaci?n del PP canario, que advierte en un art?culo period?stico que los n?ufragos deben ser rescatados ?s?lo?, lo han le?do bien, ?s?lo?, si otras naciones est?n dispuestas a implicarse: ?Acudir al rescate de todo el que est? en apuros en el mar est? muy bien, pero s?lo cuando tienes la garant?a de que los dem?s pa?ses van a cooperar, de lo contrario, lo que se consigue es hacer el rid?culo y abusar de la solidaridad de los espa?oles", asegura. Como ven, una muy humanitaria invitaci?n a que los marineros miren para otro lado cuando vean un cayuco en situaci?n desesperada.

La realidad es muy distinta a esa presunta invasi?n. Los inmigrantes que han contribuido al crecimiento demogr?fico de las Islas, haciendo que algunas dupliquen su poblaci?n en apenas quince a?os, y a su crecimiento econ?mico, entraron por nuestros puertos y aeropuertos, proceden de otras comunidades aut?nomas, de Europa, de Am?rica Latina y, en menor medida, de ?frica, y vinieron llamados por nuestro poco sostenible desarrollo econ?mico, que los necesitaba imperiosamente para la construcci?n o los servicios. Para corregirlo, para orientar el modelo hacia la sostenibilidad, el Parlamento aprob? en 2003 las leyes de directrices, que el actual Gobierno ha congelado, al tiempo que, hip?critamente, CC anuncia que utilizar? la inmigraci?n y la demograf?a como armas electorales. El mismo Gobierno, por cierto, que desarticul? todo lo avanzado en materia de inmigraci?n en la pasada legislatura. Ahora, nuevamente juntos, PP y CC evitaron que el Parlamento aprobara una resoluci?n contra la xenofobia y el racismo, que s?lo cont? con los votos de PSOE, Nueva Canarias y PIL; mientras tanto CC y PP expresaron su coincidencia con los objetivos de la manifestaci?n celebrada en noviembre en Tenerife, nacida desde la demagogia y trufada de xenofobia.

Adem?s, volviendo a la otra inmigraci?n, la inmensa mayor?a de los ciudadanos y ciudadanas de Canarias no llega a ver, salvo por la tele, a los invasores de los cayucos, que son inmediatamente trasladados a centros de internamiento, para posteriormente ser devueltos a sus pa?ses de origen o distribuidos por otras comunidades. ?sa es otra, algunas se resisten a la medida como si el problema no fuera con ellos. Igual los canarios somos culpables de ser frontera sur de Espa?a y de Europa y tendremos que plantear que, como en los viejos mapas, nos ubiquen en el Mediterr?neo y lo m?s cerca posible del continente europeo. O desear fervientemente que cambien los sistemas de entrada: por ejemplo, que los inmigrantes burlen el espacio a?reo espa?ol y comiencen a tirarse en paraca?das en cualquier provincia del interior peninsular. Y a quien le toque, le toca.

Seamos rigurosos. No hagamos demagogia, como hace el PP con el presunto efecto llamada de nuestra legislaci?n, como si los pobres de la Tierra estuvieran todo el d?a enchufados al BOE; y sin preguntarse, por ejemplo, cu?l es el efecto llamada de la legislaci?n de EEUU que hace que cientos de miles de latinoamericanos traten de traspasar sus fronteras cada a?o. O Coalici?n, al mezclar inmigraci?n irregular, cayucos, problemas de los sistemas p?blicos y dificultades en el acceso de los j?venes al empleo, en un c?ctel que s?lo puede terminar teniendo un sabor terriblemente xen?fobo. Y, asimismo, que nadie diga que tiene f?rmulas m?gicas para solucionar el problema, porque est? enga?ando y enga??ndose.

El fen?meno es complejo. Y la responsabilidad ata?e a todos, siendo clave que la Uni?n Europea entienda su relevancia, cosa que parece costarle, para que act?e consecuentemente. No s?lo en la respuesta inmediata a la inmigraci?n irregular, sino sobre todo siendo capaz de intervenir con perspectiva, implic?ndose activamente en el desarrollo de los pa?ses africanos, ?nica forma de fijar la gente al territorio, de generar ilusi?n donde hoy hay s?lo desesperaci?n. La misma desesperaci?n que posibilita que se gasten todos sus ahorros y se suban en inseguras embarcaciones para iniciar un periplo cada d?a m?s peligroso, por la lejan?a del destino so?ado y el trayecto en pleno Atl?ntico, en busca del para?so; y que para centenares de ellos significa perder la vida en el mar.

La misma desesperaci?n que, por elementales razones ?ticas, de ninguna manera admite de nuestra parte discursos facilones, oportunismos electoralistas ni miserables propuestas pol?ticas como las que se escuchan con demasiada frecuencia. Mucho m?s peligrosas, por proceder de l?deres de opini?n pol?ticos o medi?ticos, que el sesgado discurso del taxista.

Canarias Ahora.com
Publicado por ubara @ 21:46  | Migraci?n
 | Enviar