S?bado, 03 de febrero de 2007
Las lluvias ocurridas en El Hierro el ?ltimo fin de semana de enero han originado, o puesto en evidencia, una cat?strofe ecol?gica desconocida en Canarias en las ?ltimas d?cadas, sobre todo en las islas occidentales y m?s boscosas.

Y todo ello pese a que en 1988, sin ir m?s lejos, se registraron 590 litros por metro cuadrado -frente a los 500 de los que habla el Cabildo en esta pasada semana exagerando, como siempre ocurre en estos casos, los datos que efectivamente parece que registraron los pluvi?metros- en el caser?o de San Andr?s, muy cerca de la zona donde esta vez se han producido corrimientos de tierra a los que no estamos acostumbrados a asistir en esta tierra, al menos hasta donde llega la memoria de los m?s viejos.

Los montes, o lo que queda de los montes, del centro de la Isla han sido el origen de este desastre. Desde hace medio siglo las formaciones boscosas de la isla de El Hierro se han ido recuperando de siglos de devastaci?n, cuando la madera era el ?nico recurso energ?tico con el cont?bamos, gracias a una pol?tica forestal basada en la repoblaci?n metro a metro de unos suelos que estuvieron a un paso de desaparecer literalmente.

Pero hace diez a?os que todo ese proceso cambi? radicalmente, la llegada de 'mentes privilegiadas', como la del ingeniero de montes andaluz Juan Bautista, ha considerado a la motosierra como la herramienta m?s adecuada para 'regenerar' unos montes que, probablemente, existen hoy en d?a gracias a unos 'locos' que durante d?cadas se dedicaron a repoblar, subiendo los pinos al hombro en cajas de madera y mim?ndolos uno por uno con su correspondiente gorona de piedras para protegerlos. Estos nuevos 'iluminados', que han entrado en la Isla como un elefante a una cacharrer?a o, m?s propiamente, como el caballo de Atila que por donde pasaba no crec?a ni la hierba, han ocupado esos montes al mando de trescientos hombres -la empresa m?s poderosa de la Isla- con sus todoterrenos, tractores, trituradoras, palas, camiones y motosierras en cantidad para llevarse todo ese trabajo por delante ante el asombro generalizado. La operaci?n, que representa un aut?ntico escupitajo a la historia forestal de la Isla y a la gente que se dej? la vida luchando por recuperar esos montes y -m?s importante todav?a- por proteger esos suelos de la erosi?n, ha estado complementada, adem?s, con un aserradero p?blico -construido por el Cabildo-, como si esto fuera Canad? o Finlandia.

Se trata de acabar no s?lo con los pinos de crecimiento r?pido, hect?reas y hect?reas de pino canario han sido liquidadas a mata rasa tambi?n (5 hect?reas ?ltimamente en la Hoya del del Sargento), y las consecuencias de esta operaci?n descomunal que no s?lo ha terminado con bosques enteros, ha hecho desaparecer todo el riqu?simo y valios?simo sotobosque que permit?a que los suelos estuviesen mucho m?s protegidos frente a la erosi?n. Pero es que todo esto es incompatible con la pol?tica de introducir masivamente especies nuevas como hayas o cedros que pueden tardar veinte a?os en desarrollar un porte arb?reo, por lo que representa un verdadero disparate, adem?s suicida, el intentar estas pol?tica de manera masiva, como se pretende con los desastrosos resultados que la lluvia ha dejado m?s en evidencia todav?a.

Hay quien dice en El Hierro, incluso desde el propio colectivo del personal de Medio Ambiente, que la ?nica soluci?n ahora mismo para que esos montes se recuperen, ser?a el prohibir durante cuatro o cinco a?os que personal alguno de esa terrible tropa de 'le?adores' entre en esos montes, dejando que la Naturaleza, por s? misma, intente recuperarse del imponente da?o que un individuo, al mando de un consejero del Cabildo, Javier Armas -al que nadie ha visto pisar el monte jam?s y, por tanto, ignorante supino en la materia- le ha causado en un tiempo r?cord.

La pol?ticas de entresaca han conseguido desertizar el suelo al abrir claros que impiden que las especies t?picas del sotobosque se puedan desarrollar, siendo el tomillo una de las pocas plantas que se ha podido adaptar a las nuevas condiciones en determinadas zonas. Otra cosa desconocida en Canarias hasta ahora.

Los ejemplos de este disparate son much?simos. Sin ir m?s lejos estos d?as -despu?s de las lluvias- se encuentran los trabajadores de la queser?a hablando solos porque una pandilla de chiflados de ?stos se ha metido con las motosierras en una riqu?sima formaci?n boscosa cercana que, a parte de su valor natural, les proteg?a de los fr?os vientos que despu?s de que han tumbado todos los ?rboles -abetos, pinos, cedros...- les ha obligado a aumentar la ropa de abrigo. Incre?ble pero real como la vida misma (ver fotos).

En la misma zona, en San Andr?s, un incendio se llev? por delante el monte hace cuatro a?os. Realizaron una tala completa, indiscriminada, pese a lo cual hoy en d?a gran parte del mismo se hab?a recuperado habi?ndose desarrollado un pinar joven que, cuando ten?a tres o cuatro metros de alto, los tipos lo est?n talando a mata rasa de nuevo sin que nadie alcance a entender nada de lo que pretende esta gente. Un aut?ntico misterio, por otra parte. (Ver im?genes).

Nosotros hemos estado en El Hierro para intentar entender algo de unas im?genes que recib?amos por internet y que resultaban inexplicables. Despu?s de estar en el lugar y visitar algunos sitios con gente que siempre ha estado relacionada con esos montes, no s?lo hemos constatado el mayor desastre ambiental que nunca hubi?ramos presenciado antes en Canarias, sino que nos hemos llevado la impresi?n clara de que o alguien le pone freno a este disparate, con una moratoria indefinida para la motosierra como medida m?s inmediata, o en El Hierro -y en toda Canarias si permitimos este desaguisado- tengamos que enfrentarnos en los pr?ximos a?os a una tragedia ecol?gica desconocida en el ?ltimo siglo.

Siempre ha habido incendios en Canarias, como el ocurrido en El Hierro este pasado verano, aunque sin camiones motobombas y sin helic?pteros y sin tanto ingeniero siempre se hab?an apagado incluso mucho m?s r?pida y eficazmente. Pero la prisa que ha tenido en esta Isla por meterle las motosierras indiscriminadamente, abriendo pistas que ahora mismo se han convertido en verdaderos barrancos, retirando todo resto de sotobosque, aclarando o cortando a mata rasa lo que ya hab?a sido atacado por las motosierras, ha dado lugar a todo este desastre que, por cierto, poco tiene que ver con los lagartos ahogados, que eso tiene que ver m?s que con otra cosa con el hecho de que el lagartario estaba construido justo debajo del cono de deyecci?n de uno de los torrentes m?s impresionantes de la Isla.

La Narbona ha venido a ver los lagartos y Tom?s Padr?n pide veinte y pico millones de euros para remendar el desastre de la mala o mal?sima planificaci?n forestal, urban?stica o de comunicaciones que han ocupado el cauce de los barrancos. Ni colorado se ha puesto porque es la desverg?enza el requisito fundamental que parece tener que cumplir un pol?tico hoy en d?a en esta tierra nuestra. Pero para arreglar el desaguisado que el Tom?s Padr?n, con la ayuda de t?cnicos como el tal Juan Bautista, ha montado en una isla declarada, con los m?s altos merecimientos -y gracias al esfuerzo de nuestros viejos- Reserva de la Biosfera, es posible que los veinte y pico millones no le den ni para empezar. Y, por mucho dinero que se mande para all?, como estos responsables pol?ticos y t?cnicos no est?n dispuestos a reconocer su fracaso -que en este caso significa DESERTIFICACI?N- y escuchar el consejo de alguien medianamente sensato, es posible que cuanto m?s dinero se les permita administrar mayor sea el foll?n ecol?gico en el que nos terminar?n metiendo.

Una locura colectiva sobre la que ya comienzan a alzarse algunas voces, pocas de momento, que empiezan a organizarse para plantarle cara a la prepotencia y a la soberbia de algunos que no admiten la m?s m?nima cr?tica a sus acciones que, adem?s de todo, representan una falta de respeto gigantesca para trabajadores e ingenieros que consiguieron regenerar una tierra que todo el mundo daba por muerta hace medio siglo. Eso hasta que llegaron ?stos con las motosierras, con centenares de empleados y maquinaria frente a los otros que, sin medios, sin recursos y con voluntad de hierro, consiguieron un milagro probablemente desconocido en cualquier otro lugar de Canarias.


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Publicado por ubara @ 0:33  | Islas
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