El espectáculo que se podía ver este lunes por la mañana no sólo en la zona de Izaña, donde cayó un poco de nieve hace algo más de una semana, sino también a lo largo de las carreteras de acceso a El Teide, son la prueba más palpable de que tenemos un problema del carajo en casa y que, por más que se empeñen desde El Día, difícilmente cabría achacar a los canariones la responsabilidad de algunas cosas que se ven por aquí.
Y es que encontrarse en Izaña, en pleno Parque Nacional de El Teide, toda clase de basura que dejaron allí una parte significativa de las personas que acudieron al Teide este fin de semana, pese a que un equipo de hombres ha trabajado a destajo en retirar mierda, no debe ser más que el síntoma de un grave padecimiento que, en este caso, tiene que ver con algo más que con las normas básicas de urbanidad. Porque es que cuando alguien deja una tabla de surf, el parasol del coche o la alfombrilla, bolsas de basura en cantidad, el envoltorio del bocadillo, cartones, latas, botellas, cientos de vasos de plástico del chocolate caliente... y hasta el propio termo del chocolate tirados sobre la nieve, en el paraje más simbólico -y acaso más valioso- del terruño que uno pisa, es que la cosa está bastante, pero que bastante jodida.
Y lo peor del caso, lo que más preocupado deja a uno en este asunto, es que esto tampoco es chiquillaje de botellón por ahí en la Eólica o en Son Latinos, estamos hablando de familias -generalmente- donde van los padres con los hijos, de los que se nos supone como primeros responsables de su educación. Y que exista tanta gente que vea como normal dejar la mierda por ahí tirada para que otro, se supone, venga detrás a limpiársela, independientemente de que estemos en el Carnaval o en El Teide, pues resulta no sólo muy preocupante sino, sobre todo, verdaderamente desalentador.
Ah, siempre habrá alguien que diga que la solución es llenarlo todo de contenedores -que después tampoco usamos-, porque no se debe educar a la gente a que -al menos en el monte- no procede dejar basura tirada sino llevarnos las cositas como mismo las hemos traído. Pero qué se puede esperar de una tierra en la que el político más 'valioso' que tenemos, que como todo el mundo sabe es Miguel Zerolo, ha propuesto estos días la primera cosa que propone -valga la redundancia- en los cuatro años que lleva en el Parlamento: Una ley anticonstitucional que consiste en que la gente pueda hacer todo el ruido que le dé la gana, y a la hora que sea, durante los Carnavales, contra los derechos fundamentales de los vecinos que reclaman poder descansar aunque sea un par de horas en su propia casa.
Y es que parece que aquí lo que da votos es permitir que la gente haga lo que le dé la gana al costo que sea. Incomodar al votante estableciendo y educando sobre unas normas básicas de convivencia parece poco rentable políticamente hablando y, al fin y al cabo, de lo que se trata es de gobernar al precio que sea mientras los maestros -algunos maestros al menos todavía- hacen el gilipollas en los colegios hablando de lo importante que es respetar ciertos principios de urbanidad cuando lo que se encuentra el chiquillo por ahí, y de lo que aprende realmente, es justo lo contrario.
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