Domingo, 11 de febrero de 2007
Antonio ?lvarez de la Rosa


Espa?a es, junto con Jap?n, el pa?s m?s ruidoso del mundo. Est? claro, seg?n los cient?ficos, que el estruendo en los t?mpanos, adem?s de provocar sordera, atormenta el cerebro, que no es posible razonar a golpe de zambombazo. M?s all? de los decibelios electrizantes, se produce el cortocircuito del raciocinio, cualidad que, por si se nos ha olvidado, es exclusiva del ser humano. Los t?mpanos y el cerebro solo se conectan por medio del silencio o, al menos, del ruido que nuestro o?do puede, fisiol?gicamente, soportar. Lo contrario del producido por determinados participantes en el Carnaval de Santa Cruz y permitido, hasta ahora, por la autoridad competente. La algarab?a emitida desde kioscos y veh?culos ha facilitado que, a lo largo de toda una d?cada, los responsables del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife hayan hecho o?dos sordos a la petici?n de un grupo de vecinos, desahuciados sin salir de sus casas, atormentados cada a?o durante diez interminables d?as. Eso sin contar con los conciertos multitudinarios, realizados, en el centro de la ciudad, organizados, por ejemplo, por los 40 principales y subvencionados con dinero p?blico. El Alcalde de una ciudad como Santa Cruz de Tenerife no puede ocuparse, en persona, de todos los problemas que en ella se generan. Sin embargo y dada la trascendencia que tienen estos Carnavales, parece razonable que, al menos una vez en estos diez ?ltimos a?os, aqu?l se hubiese pasado un rato -una hora, pongamos- metido en las cabinas de tortura en que se transforman las viviendas del centro de su ciudad y en las que vibran desde las ventanas hasta las paredes del h?gado de sus ocupantes. As? y tras recuperarse de tama?o soponcio cerebral, quiz? hubiese accedido a negociar con los protovecinos perjudicados un acuerdo que contentara a los que tienen dos derechos fundamentales, en este caso enfrentados: m?nima calidad de vida en la intimidad de sus domicilios y posibilidad de divertirse en las calles de todos. Conviene recordar que, tras la d?cada de silencio administrativo, un grupo de vecinos -con uno hubiese bastado, pues los derechos son individuales- decide acudir a un abogado para que defenda su derecho al descanso durante la celebraci?n nocturna de esas fiestas (Por la peligrosidad social que encierra, me ha dejado estupefacto el comienzo de uno de los p?rrafos del Bando de la Alcald?a de Santa Cruz de Tenerife que, en el colmo del populismo -gestos y utilizaci?n de s?mbolos para proclamar su identificaci?n con el PUEBLO-, dice as?: "Un grupo de vecinos y un abogado han conseguido que la Justicia impida..." (Como letrado, el Alcalde deber?a saber que eso es lo normal en un Estado de Derecho, que las personas se defienden ante los tribunales de justicia con la ayuda, indispensable, de un abogado y hasta de un procurador. Eso es, por cierto, lo que el firmante del tal Bando reclamaba ante cualquier micr?fono cuando se iniciaron las investigaciones en torno al llamado caso de Las Teresitas, tambi?n muy cargado de decibelios fiscales). Peligrosa insinuaci?n, digo, especie de fatwa encubierta con que el Alcalde-Presidente se?ala a una persona que se limita a ejercer sus responsabilidades profesionales -?se pronunciar? al respecto el Colegio de Abogados?-, eco de otro anatema, lanzado desde una cadena local de televisi?n, que ha puesto a los pies de los caballos a los vecinos denunciantes, al revelar sus nombres y apellidos. Las consecuencias de este desafuero municipal es de tal magnitud que ha ca?do en mis manos un correo electr?nico en el que se llama a la "rebeli?n" contra los "pijos de la zona centro de Santa Cruz", con menci?n expresa del domicilio de esos "vecinos pu?eteros", "aguafiestas" y en el que se pide que "?NO DUERMAN! Tenemos que armar tal jaleo debajo de su casa que el a?o que viene pidan de rodillas que el carnaval vuelva a celebrarse donde siempre". Estos son los oscuros clarines generados por esa atm?sfera guerracivilista que se desprende de ese Bando, la llamada al enfrentamiento entre los ciudadanos. Lo menos que se puede esperar de un pol?tico responsable es que trate de aceitar las relaciones entre sus vecinos, no que eche ?xido en la maquinaria social.

Estas y hasta otras posibles consecuencias funestas, que es de esperar no se produzcan, se derivan de la soberbia del poder municipal que, haciendo caso omiso del derecho de los dem?s, se ha negado a llegar a un acuerdo con unos vecinos que, literalmente, no pueden vivir donde viven. ?En que rec?nditos rincones de la tinerfe?idad (con perd?n) anida el gen que nos impide celebrar las fiestas desde la tarde hasta bien entrada la noche? (Colonia, cuyo carnaval es famoso en todo el mundo, no est? en el subtr?pico, pero sus ciudadanos se divierten como los primeros. Eso s?, a las doce de la noche no hay ruido en sus calles y la gente se busca la vida festiva en discotecas o recintos insonorizados). ?Qu? impide que el epicentro de la fiesta se hubiera trasladado, de forma paulatina y pactada, a la explanada portuaria o al extrarradio de la ciudad, a una zona no residencial? (La Feria de Sevilla tambi?n empez? en el centro de la capital y acab? en sus afueras, dada la imposibilidad de conciliar el descanso con la jarana). Estoy seguro de que, desde el respeto hacia los dem?s, hay muchas f?rmulas que podr?an conciliar dos derechos enfrentados. Lo que, insisto, me parece inadmisible es situar a unos vecinos en la diana de la ira.

Fuente: La Opini?n de Tenerife, 11-02-07
Publicado por ubara @ 12:31  | opini?n
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