Martes, 10 de abril de 2007
Domingo Gar? Hayek *
La conquista de las libertades democr?ticas es reversible. Lo estamos viendo en el contexto mundial, en el estatal y en el canario. En el primero, el ejemplo m?s flagrante es la Ley Patri?tica aprobada en Estados Unidos tras el 11 de septiembre de 2001 (supresi?n del habeas corpus, detenciones y encierros en c?rceles secretas, etc.) En el caso del estado, espa?ol lo vemos en la ley de partidos y en la restricci?n de la libertad de expresi?n (procesamiento y penas carcelarias por delitos de opini?n). Y en Canarias, adem?s de estar afectados por las leyes de car?cter estatal, se restringe la libertad de expresi?n al ?mbito de los millonarios. A este respecto las ordenanzas municipales son el ?ltimo pelda?o de una secuencia de actos que nos amordazan.

La libertad de expresi?n, como todas las cosas en ?poca neoliberal, se puede comprar. Pero muchos, la mayor?a, no tenemos el dinero suficiente. Hemos transitado de la dictadura, en la que no exist?a la libertad de expresi?n, a la democracia en la que se ha ido recortando cada a?o su potencial de libertad, para reducirla a un teatro de protagonistas melifluos.

La libertad de expresi?n no consiste s?lo en el derecho a hablar de las cosas, sino en el derecho a ser escuchados. El mensaje no tiene valor si no puede ser difundido. Y tal y como est?n las leyes, no es posible difundir mensajes libremente. Los muros, las paredes de la ciudad, lugares p?blicos en los que relacionarnos como ciudadanos libres, colocando mensajes en ellos, son inaccesibles por virtud de ordenanzas municipales. Los espacios medi?ticos son propiedad de los empresarios de la comunicaci?n, que deciden qui?n y qui?n no, tiene derecho a participar en la construcci?n de un discurso con proyecci?n p?blica.

?C?mo y por qu? hemos dejado que este ataque a la libertad de expresi?n, que esta restricci?n de las libertades p?blicas, que este recorte de la democracia, se instalase entre nosotros, sin levantar la m?s m?nima protesta? Hay que escribir la historia de este proceso de involuci?n silencioso pero, mientras tanto, hay que impedir que se instale en la conciencia de la ciudadan?a la idea de que esto es normal, la idea de que la restricci?n de la libertad de expresi?n es compatible con la democracia, y que toda la diversidad consiste en escuchar qu? dicen los partidos de los millonarios en sus colosales medios de comunicaci?n.

Hay que trabajar para conquistar los viejos espacios de libertad. Si molesta que se manchen los muros, entonces que se habiliten espacios permanentes para poder expresarnos. Los muros, las paredes de la ciudad fueron y son el espacio primero e inmediatamente democr?tico. La arquitectura es un lenguaje en s? mismo, pero ello no impide que sobre ese lenguaje se pueda rescribir, igual que un libro puede ser anotado en los m?rgenes, sin que por ello pierda valor. La libre expresi?n no mancha la ciudad. Todo lo contrario, embellece su alma, dinamiza la vida social y pol?tica, baja el discurso desde las alturas a ras de la calle. Facilita que nos reconozcamos en el solar de la polis y, sobre todo, iguala la posibilidad de expresi?n entre los millonarios y el resto de los humanos.

Sin embargo, las ordenanzas municipales de Santa Cruz castigan de forma especial la ?difusi?n de propaganda o panfletos, o pintar los muros?, por supuesto, de contenido pol?tico, una infracci?n m?s castigada que ?verter l?quidos de cualquier clase, abandonar animales muertos, arrojar despojos de aves o animales, ensuciar las aceras con detritus?. Que gente tan lamentable, que sucias conciencias de estos que gobiernan la ciudad desde el inicio de los tiempos. Que mente tan cobarde la que legisla, que prefiere encontrase unos sesos en la calle, un h?gado que se pudre, que una cr?tica en un muro.

Hace cincuenta a?os que uno de nuestros poetas m?s grandes escribi? que, so?aba con una isla que no fuese silencio amordazado. Y hoy, tras los sufrimientos de algunos que lo dieron todo porque aqu? pudi?semos expresarnos libremente, se nos ha impuesto de nuevo el silencio. Las se?ales del autoritarismo emergen por todas partes. Pero nosotros, junto con los que ?no pierden/el coraz?n y el rumbo en las tormentas,/ los que lloran de rabia/y se tragan el tiempo en carne viva? lograremos que esta isla no sea silencio amordazado. Y, por supuesto, le decimos al Ayuntamiento que nos gusta m?s ver un muro pintado, una denuncia p?blica en las paredes, que a un animal muerto en la acera.

* Domingo Gar? Hayek es miembro de Alternativa S? Se Puede por Tenerife

Tags: Canarias, tenerife, libertad, democracia

Publicado por ubara @ 17:26  | opini?n
 | Enviar