miércoles, 23 de mayo de 2007
Rafael Morales

La orientación exterior de los candidatos a la presidencia del Gobierno carece del lugar que le corresponde por su importancia. Una pena. Fuera de la inmigración, mal tratada, el tema ha estado casi ausente durante los debates a pesar de las canciones sobre las especiales características de este archipiélago. Durante el último período asistimos a un doble juego del Gobierno. Los asuntos conflictivos los envió a Madrid, sobre quien descargó cualquier responsabilidad. Digamos la inmigración o el Sáhara Occidental. Los días de fiesta habló de los derechos saharauis, pero el resto del tiempo lo empleó en fomentar los negocios de empresarios privados en Marruecos… a cambio de plegarse a la política represiva de Rabat en el Sáhara ocupado. Y a esta impostura, por citar una, la denominaron defensa de los intereses generales canarios.
La reforma del Estatuto de Autonomía, pendiente de aprobación por las Cortes Generales, permite algunas iniciativas, pocas, en las relaciones internacionales que bien podrían aprovecharse para establecer ciertos principios. Por ejemplo, que la política exterior canaria esté guiada fundamentalmente por la defensa de los derechos humanos en todas partes y la solidaridad con nuestros vecinos de peor suerte. No lo contempla así el Estatuto, pero alguna rendija ofrece al establecer en las disposiciones generales el fomento de la paz y la tolerancia, así como la cooperación al desarrollo por medio de programas y acuerdos suscritos con los países vecinos geográficamente o cercanos culturalmente a Canarias y con organizaciones no gubernamentales e instituciones privadas y públicas. Menos da una piedra.

Quiero decir que los candidatos parten de una base legal mínima para desarrollar una política exterior audaz y solidaria en Europa, África y América Latina, nuestras tres fuentes principales de relaciones internacionales, en lugar de manejarla como asunto secundario que poco nos afecta salvo en lo más vistoso a efectos electorales. Hace falta definiciones nítidas con respecto a qué política establecerá el próximo gobierno canario respecto a los planes de la OTAN en el Atlántico; propuestas para la Unión Europea y el futuro de nuestra situación definida como ultraperiférica; iniciativas en el entorno africano (país por país, Marruecos y Sáhara Occidental incluidos) con especial atención a un trato solidario con los inmigrantes; una política encaminada a fortalecer nuestras relaciones con América Latina, empezando quizás por los países aparentemente más cercanos como Venezuela y Cuba. O Colombia y Ecuador, por la cantidad de emigrantes que aportan a nuestra sociedad.

Las grandes líneas de una orientación exterior propia, dada nuestra tan famosa especificidad atlántica, constituye una necesidad por varios motivos más. Aclara a los ciudadanos los compromisos programáticos de los candidatos en esta materia, obligándolos a responder después por sus actos. Ofrece una perspectiva a seguir. Entorpece su manejo inescrupuloso o improvisado en ocasiones. Frena a quienes protestan por la ausencia de competencias, pero después promueven una activa política exterior bajo cuerda para facilitar negocios privados y en su propio beneficio como intermediarios de la patronal. La de aquí y las otras. Mucho me temo que estas cuestiones no entran como debe ser en la campaña electoral porque algunos juegan a ese principio según el cual entre menos me comprometa, mejor. Y que todo siga igual. Siempre nos quedará Madrid.

Tags: Canarias, política exterior, elecciones

Publicado por ubara @ 11:26  | Canarias
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