Por Gregory Santos Cristo
Cuentan que algunos teléfonos móviles tuvieron que ser apagados, ante tanto acoso, ante tanta presión. Dicen que el mismísimo Acebes —otras fuentes citan a Zaplana y a Soria— contactó con Eva Navarro para disuadirla del apoyo que había comprometido a Lola Padrón. Pero la Navarro no cedió: “Está todo dicho, ya conocen las condiciones, y la negociación con el PSOE no ha podido ir mejor para nosotros”, es probable que haya transmitido a sus jefes después de haber recibido alguna advertencia, más o menos velada, de que podría ser expedientada.
Eran las últimas horas de las vísperas de la constitución de la nueva corporación municipal del Puerto de la Cruz. Por la mañana, Cristina Tavío lo había intentado, casi a la desesperada, después de haber comprobado que la alianza CC+PSOE en Los Realejos no tenía marcha atrás, temeroso Oswaldo de que Manolo Domínguez siguiera creciendo y necesitado Vicente de tocar poder para recuperar posiciones.
Pero la presidenta insular del PP se llevó nuevamente calabazas. Javier González Ortiz, uno de los principales dirigentes de la ATI, se convirtió en cabeza invisible para sus compañeros del Puerto de la Cruz a cuyas insistentes llamadas telefónicas no respondíó. Triste: les habían dejado solos. Ni siquiera la postrera decisión de Marcos Brito salvaba los muebles y propiciaba una solución de emergencia consistente en renunciar a su candidatura durante el pleno a favor de Sandra Rodríguez. Ni por esas. El discurso que le habían preparado a su fiel discípula para la ‘abdicación’, que debía servir como investidura, empezaba a dormir el sueño de la frustración. Lo que pudo haber sido y no fue.
En el PSOE, los nervios apenas podían ser contenidos. Las negociaciones eran una auténtica incógnita, con vaivenes diarios, casi por horas, con muy pocas personas manejando la información de lo que pasaba realmente. Ni los concejales electos sabían a ciencia cierta qué iba a pasar. La inexperiencia de la mayoría agravaba las cosas. Al filo de la medianoche del viernes, en medio de un mar de rumores interesados, informaciones y contrainformaciones, con los teléfonos móviles recargando baterías, algunos perdieron los nervios y hasta hubo lágrimas. Creían que todo se había esfumado. Sin embargo...
Empresarios perdedores, agentes ganadores
Llegaron a ser, en efecto, unas vísperas angustiosas. A últimas horas de la tarde del viernes 15, miembros del gobierno de Coalición Canaria (CC), con despacho en el Ayuntamiento, empezaron a recoger sus documentos y pertenencias personales. Era una señal de que ya no había nada que hacer, pese a que Brito y Sandra Rodríguez seguían maquinando. Los tres todopoderosos empresarios que habían apostado firmemente por ATI, en notable discrepancia con otros sectores como los comerciantes, pequeñas y medianas empresas, colonias híndú y marroquí, ya habían agotado toda su capacidad de maniobra.
La cuestión era Brito. Ante la firmeza de Eva Navarro, el ex alcalde, derrotado en cinco de las seis ocasiones en que encabezó la candidatura de los insularistas, sabía que había llegado su hora. Lo entendió en la noche del 27-M, mientras doblaban las campanas de la Peña de Francia. Pero le costaba dar el brazo a torcer. El, el neocaudillo, el que arrebató el poder histórico a los socialistas, el que presumía de brillante gestión... tenía que doblar la rodilla. Era un púgil noqueado.
Dos opciones, ninguna solución
Así las cosas, siguió urdiendo todas las maquinaciones posibles para seguir con las riendas. La única luz que alumbraba era que las negociaciones entre CC y PP, a escala regional, iban por buen camino. Entonces, se planteó los escenarios: desde una moción de censura, tal como ya experimentó contra Salvador García en el año 1995, después de haberse abstenido en la investidura; hasta una renuncia pactada, de modo que Eva Navarro también abandonase la corporación.
La primera era arriesgada. Demasiado pa’ los portuenses que siguen sin olvidar aquel episodio de la “toma de la Bastilla” ranillera del 14 de julio y que a la larga sólo serviría para poner a prueba las males artes de Marcos Brito que descabezó al Partido Popular y terminó gobernando en minoría sin dar las gracias a los socialistas que no quisieron devolverle la censura.
Incursionó la otra opción. Brito renuncia a su candidatura a favor de Sandra Rodríguez. ‘Abdica’ y deja el camino llano para la solución que él llama “pacto natural”. Iba a procurar que el PP convenciese a la Navarro pero si no, aceptaba igual. Eso sí: él se quedaba como concejal. A tutelar, a vigilar, a gobernar en la sombra.
Le confió la solución a unos pocos. Consultó a funcionarios en qué momento podía hacer efectiva la renuncia y cuando le informaron de que en el mismo pleno, pareció detectar luz en el túnel. Los servicios de contraespionaje del PSOE advirtieron la maniobra a media mañana del viernes, apenas veinticuatro horas antes del acto formal de constitución de la nueva corporación. Pero en la dirección local seguían a su bola, confiando en que Eva Navarro no se echaría atrás.
Le empezaron a escribir un discurso a Sandra Rodríguez. Por si, de rebote, podía convertirse en la primera alcaldesa del municipio y aguar la fiesta a Lola Padrón. El problema era que en Los Realejos no había marcha atrás. Y que González Ortiz, como otros dirigentes insularistas, permanecía desentendido del problema, de la alianza imposible. De la alianza que abominaban en la “pantalla terráquea”.
Frenesí en el PP
Mientras, en el Partido Popular, las horas pasaban lentas. Maite Huete, una activista colaboradora de Eva Navarro, era la más convencida del pacto con los socialistas. Luis Miguel Rodríguez, después de hablar varias veces con Sandra Rodríguez en los días previos a la elección de alcaldesa, se sentía seguro, fuese cual fuese la solución final. Volvería al Ayuntamiento y gobernando.
Eva, Maite y Luis Miguel desoyeron algunos cantos de sirena. Incluso los que provenían de algún periodista. Los antecedentes eran claros: no podían ahora hacer tabla rasa de los insultos que recibió la Navarro en plenos del mandato anterior; habían condenado por activa y por pasiva, hablando incluso de corrupción, el caso de transfuguismo protagonizado por Luis Gómez; llevaron la peor parte en un subproducto televisivo de aparición semanal en el que participaban miembros de su partido y tenían muy presente la expulsión del gobierno que Brito había decretado. Era Eva Navarro la que temía una reedición de esos hechos, en caso de volver a pactar. “Si lo hizo una vez, ¿quién garantiza que no repite, pretextando cualquier cosa, aunque sea mentiras”, comentó a Huete y a unos empresarios afines sorprendidos por su firmeza.
Había cumplido: inició conversaciones con Lola Padrón, escuchó sus condiciones y las trasladó al comité ejecutivo de su partido, donde, por notoria mayoría, arranca un acuerdo de pactar el gobierno con la mayoría minoritaria del PSOE. Puso el ejemplo de Güímar para fortalecer su posición, contestada por unos pocos militantes, precisamente los que presumían de haber votado a Marcos Brito y no fueron capaces de defenderla cuando los graves incidentes de los plenos en que ella fue vejada y humillada.
Eva, artista y protagonista
En el acuerdo arrancado, el PP se quedaba con la primera tenencia de alcaldía, la concejalía de urbanismo y el área de servicios sociales. No eran, desde luego, unos malos resultados.
Tenía pues Eva Navarro todas las papeletas para ganar. Había tomado la iniciativa. Así se reflejaba en las informaciones de prensa. Y así se consumó en el pleno, donde a la última carta de Brito, su “carta mala”, su “dos de lo virado”, respondió con el voto favorable a la investidura de la Padrón. Ahí, para sorpresa de su compañero Pedro Gonzáles, que subía las escaleras hacia el pleno seguro de que la solución iba a ser otra, le dio el estoque a un Marcos Brito apabullado que reaccionó como lo hacen los perdedores: con un mitin tan patético como apocalíptico que no se creyeron ni sus más leales seguidores que apuntaron estoicamente la perorata de su debilitado líder a la salida del pleno.
Eva fue la gran protagonista, la ganadora indiscutible. Fría y dulce fue su venganza. En el surrealismo que predominó en el caluroso mediodía del sábado 16, hasta los militantes socialistas vitorearon su nombre, “¡Eva, Eva...!”, entremezclándolo con el de “¡Esa, esa, esa, Lola alcaldesa!”.
Las penurias de Coalición... y de Brito
Coalición Canaria sigue sin hacer la digestión de la pérdida del poder. El desespero del personal de confianza era mayúsculo. Alguno reclamó la antigüedad, veinticuatro horas antes de cesar. Algunas diferencias internas afloraron: el exceso de poder de Sandra Rodríguez, por ejemplo, no era bien visto ni aceptado entre los nuevos. Otros electos rediseñaban sus planes personales de futuro. Mientras Brito paseaba su patetismo por algunos medios de comunicación, llegando a afirmar en un caso que él había ganado las elecciones (¡!), se fraguaba una movida interna que no se exteriorizó, pese a todo, en una asamblea celebrada en la sede días pasados.
Marcos Brito, por cierto, no puso broche de oro a su trayectoria municipalista. Político a la vieja usanza, obcecado con el poder ejercido a su estilo de orden, mando y paso factura, intentó una jugarreta de última hora que constituyó una falta de respeto a sus votantes. Después de intentarlo seis veces, después de ufanarse de haber sido un gestor de primera, después de haber recibido un castigo de los electores -perdió unos novecientos votos en relación con el 2003- va y renuncia cuando ya había sonado la bocina de la derrota. No es de recibo, Brito, no. Los electores no se merecen eso ni entienden de componendas para seguir aferrado al poder. Muy pero que muy mal esa cabriola final que empaña su hoja de servicios municipalistas.
Entre bisoñez e incertidumbre
Pero la pelota pasa ahora al tejado de los socialistas. Primero, porque es un pacto que va a ser mirado con lupa y objeto de desestabilización permanente desde el visible contrincante CC y los medios y empresarios afines. Y segundo, porque la bisoñez de sus dirigentes, unida a la marginación de quienes han sido sus cabezas visibles durante la última década, son un handicap para controlar las previsiblemente difíciles situaciones.
Mientras tanto, el Puerto de la Cruz, aquejado de tantos males que tienen acogotado su desarrollo futuro, asiste a un nuevo escenario político donde empieza a representarse una obra de muy incierto final. En los preliminares, nervios, incertidumbre, frustraciones, dolores y alegrías efímeras. Ahora, falta saber si los derroteros de tragedia se imponen y el drama sigue condicionando el porvenir de un municipio que tiene que competir.
Y parece que unos y otros, todos, no se han dado cuenta.