jueves, 16 de agosto de 2007
Javier Ortiz
www.javierortiz.net



Ya está otra vez El País armando bulla contra Chávez. Ahora la excusa es que el presidente venezolano prepara una reforma constitucional que, de salir adelante, permitirá la reelección sucesiva de los jefes de la República (y, por ende, la suya propia).

Lo de El País es de un aburrimiento total. Para estas alturas, es ya escandalosamente evidente que todas sus opciones editoriales en materia de política latinoamericana –todas sus opciones, en general, pero de manera muy especial las que realiza con relación a América Latina– están dictadas por sus intereses empresariales, que son muchos y sustanciosos.

Esa gente no odia a Chávez de todo corazón, sino de toda cartera.

Algo semejante, pero menos corporativo, podría decirse de muchos periodistas españoles, siempre dispuestos a escribir algo –lo que sea, venga o no a cuento– contra el presidente de Venezuela. Era un fenómeno que me tenía intrigado. ¿Y esa obsesión? Hasta que me enteré de que un consorcio empresarial con intereses en Venezuela contrató hace meses los servicios de una agencia estadounidense especializada en crear opinión. Este tipo de agencias forman redes de intereses que movilizan a cientos de periodistas de todo el mundo, a los que pagan por escribir en pro de tal o cual causa. Unas veces remuneran sus servicios por la brava, en cheque al portador o en efectivo, y otras se sirven de métodos más sutiles, pero no menos sustanciales. (Algún día de éstos quizá me anime a detallar cómo funcionan esas cosas, para poner al tanto a quienes no las conozcan.)

Pero que haya quien se mete con Chávez por motivos espurios no quiere decir que Chávez tenga obligatoriamente razón en todo, ni mucho menos. Lo digo con conocimiento de causa, porque yo mismo he tomado más de una vez mis distancias con respecto al líder de la Revolución Bolivariana, y desde luego no porque nadie me haya pagado por ello. He tomado distancias no sólo políticas, sino también, con cierta frecuencia, éticas, y hasta estéticas.

Por ejemplo: considero que su aparatosa devoción religiosa, sea sincera o impostada, no pinta nada en la acción política. (Ya sé que las referencias culturales que allí tienen más gancho no están dictadas por los principios que inspiraron la toma de la Bastilla, como lo están las mías, pero me temo que va a ser difícil que me convenzan de que aquellas convienen mejor a la educación del pueblo.)

De todos modos, las cuestiones invocadas en el enunciado de este Apunte no precisan de tantos meandros como vengo recorriendo. Son de teoría política, y muy concretas.

Las dejaré en dos.

Primera: ¿es condenable, por principio, que un Estado adopte normas constitucionales por las cuales sus máximos dirigentes puedan mantenerse indefinidamente en el cargo, si tal es el deseo expresado en las urnas por la ciudadanía?

A esto respondo que lo que resulta de traca fallera es que responda negativamente a esta pregunta alguien que se muestra fervoroso defensor de una monarquía, que tiene un jefe del Estado fijo, de por vida y sin pasar por las urnas.

Pero es que, al margen de eso, y aunque quien dijera tal cosa fuera republicano, habría que recordarle que son muchos los estados en el mundo, entre ellos el español, que no tienen establecida ninguna limitación para la reelección de sus principales dirigentes. Los Estados Unidos de América la fijaron por iniciativa de George Washington, pero la suprimieron posteriormente (gracias a lo cual el físicamente muy limitado Franklin D. Roosevelt pudo cubrir hasta cuatro mandatos), para volver a imponerla más tarde.

O sea que, se piense lo que se piense de la norma, lo que no puede afirmarse sin hacer el ridículo es que sea antidemocrática.

Segunda cuestión que vale la pena plantearse: ¿es bueno para la salud social que haya líderes políticos que se perpetúen en el cargo?

Eso es discutible.

Mi criterio, basado en la mera observación histórica, es que la renovación, por melancolía que pueda producir en ciertos casos, a la vista de la talla intelectual de los sucesores, es sana. Oxigenante. Conviene, además, para asentar en la conciencia ciudadana uno de los principios más difíciles de asimilar del que yo tenga noticia, y que fue formulado por el ciudadano Eugène Pottier en el poema que daría origen al himno de La Internacional. Decía, en francés: «Il n’est pas de sauveurs suprêmes: Ni Dieu, ni César, ni tribun!» Ni Dios, ni César, ni tribuno.

Chávez parece defender los tres títulos.

Por supuesto que tiene que haber dirigentes, y es mejor que salgan listos que tarados. Pero los propios equivalentes lingüísticos de la palabra deberían ponernos en guardia: caudillo, duce, führer, conducator…

Lo peor que acarrean los grandes líderes no es que acaben creyéndose que son geniales –lo cual ya es de por sí francamente peligroso–, sino que la genética molicie de los pueblos tiende a delegar en ellos sus responsabilidades, lo que acaba dando origen, como destilado, a las dictaduras, de derecho o de hecho.

Chávez es lo mejor que le ha ocurrido a Venezuela desde tiempo inmemorial. De eso no me cabe duda. Pero mi espíritu insatisfecho me mueve a pensar que el pueblo de Venezuela se merece algo mucho mejor todavía. Y que eso no puede encarnarlo una persona. Tiene que ser un sistema de organización social.

Tags: Venezuela, Chávez, El País, manipulacion mediática

Publicado por ubara @ 23:16  | Exterior
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Publicado por Invitado
viernes, 07 de septiembre de 2007 | 0:29
Si amigo, resulta bastante comico oir a defensores de reyes hablar mal de la propuesta de la posibilidad de postulacion continua de candidatos. Pero creo no estar de acuerdo contigo con respecto a que un presidente o alcalde pueda ser reelegido cuantas veces quiera una poblacion. El asunto es sencillo, yo creo que la unica persona en este momento capaz de liderar nuestra nacion para defendernos del ataque de la oligarquia mundial es nuestro actual presidente, tengo razones de sobra para explicar eso, pero el tiempo no me lo permite. El hecho es, si yo creo eso, es decir que el mejor candidato es un señor llamado Chavez, ¿quien se cree con el derecho de eliminarme la posibilidad a mi de votar por el? ¿Quien pretende llamarse democrata y me trata de eliminar a mi la posibilidad de votar por quien a mi me de la realisima gana?
A veces por repetir frases trilladas caemos en extremos realmente antidemocraticos.
Suerte.
Publicado por Invitado
viernes, 07 de septiembre de 2007 | 1:26
Bueno, podemos estaro o no de acuerdo en la propuesta constitucional en sí, yo puedo decir que no me gusta que en Venezuela, que nos lleva el caso, un Presidente pueda optar a mas de 2 mandatos, pero es una propuesta de reforma constitucional, lo aprobó la Asamblea Nacional y en Diciembre el referendum, y si finalmente el pueblo lo aprueba, eso es sagrado, el pueblo quizo pues, que un Presidente pueda presentarse indefinidas veces. Lo que no debemos es tener dos reglas deistintas para medir, cuando es para valorar la reelección indefinida de chávez hablamos de "perpetuarse en el poder" de "tiranía" de "dictadura", sin embargo, si lo hace un gobernante de una pais europeo, ni nos paramos en eso, lo vemos como el mas normal ejercicio de la democracia...yo creo que eso no es así, y eso es lo que pasa con Chávez y venezuela, la abominable manipuación mediática que sufre en el país y fuera también.