Mi?rcoles, 22 de agosto de 2007
Arturo Inglott - Canarias-semanal.com


No son pocos los que asocian la egolatr?a -la veneraci?n que algunos se profesan a s? mismos - con cierto tipo de complejo de inferioridad. Este culto personal esconde - en su opini?n- una inseguridad que s?lo se manifiesta plenamente en la intimidad. De ser cierta esta afirmaci?n, nos encontrar?amos gobernados -desde los municipios al Gobierno central - por una pl?yade de acomplejados que ocultar?an, tras la p?rpura de sus cargos, sus m?s profundas inseguridades.

Personalmente, y aun reconociendo mi ignorancia supina en los temas de la psique humana, me cuesta aceptar que una explicaci?n tan sencilla permita entender la mayor?a de los desmanes que protagonizan

habitualmente nuestras autoridades. Me inclino a pensar que influye m?s en sus acciones, junto a la siempre peligrosa borrachera de poder, su participaci?n en estructuras dise?adas para el medro econ?mico y social de una minor?a de privilegiados, en las que los valores del ?triunfador? se mimetizan de manera casi imperceptible.

Claro est? que en el mundo de la pol?tica, como en botica, nos encontramos especimenes de lo m?s variado. Y algunos de ellos, desde luego, parecen empe?ados en dar la raz?n a quienes insisten en ofrecer una interpretaci?n psiqui?trica a su quehacer institucional.

En las Islas, un caso que quiz? fuera digno de estudio es el del l?der del Partido Popular, Jos? Manuel Soria, quien parece aquejado -desde sus tiempos de alcalde de la ciudad de Las Palmas de G.C. - de lo que se podr?a denominar como ?s?ndrome del gran hombre?. De sobras son conocidas sus formas dictatoriales, el caracter?stico ?ordeno y mando? que traslad? de la corporaci?n municipal al Cabildo Gran Canario o su empe?o en permanecer siempre por encima no s?lo de la ?plebe? - de los gobernados- sino tambi?n de sus ?colegas?. La espectacular tarima que mand? instalar en la instituci?n cabildicia para lograr tan ?prioritaria? finalidad es una fehaciente prueba de estas ?nfulas. Al igual que el conocido episodio de la bandera de los 360000 euros que - seg?n palabras del propio Soria - ?tendr?an que tragarse sus detractores?.

Pero, a partir de ahora, la prepotencia de Jos? Manuel Soria costar? mucho m?s cara a los canarios. Seg?n ha recogido en estos d?as la prensa del Archipi?lago, poco despu?s de iniciarse su primer mandato como alcalde de las Palmas de G.C., Soria estim? que una personalidad de su importancia no pod?a pasearse por la peligrosa urbe a pecho descubierto. Fue entonces cuando seleccion? a tres polic?as locales para que - abandonando sus habituales labores - se convirtieran en sus escoltas personales. As?, desde 1995, el ?gran hombre? comenz? a acudir a los actos oficiales convenientemente protegido -no se sabe muy bien de qu?- por estos tres polic?as vestidos de paisano. Ignoramos si, adem?s, Soria les oblig? a equiparse con gafas de sol y auriculares, para mejor emular la est?tica ?hollywoodense?.

Cuando, en el a?o 2003, Jos? Manuel Soria fue elegido presidente del Cabildo grancanario, decidi? llevarse consigo a sus escoltas, contando con la l?gica aquiescencia de su ?delfina?, Pepa Luzardo. La ya ex alcaldesa cedi? amablemente este servicio a su jefe sin pedir ninguna contraprestaci?n. Ahora, con Jos? Manuel Soria como nuevo Vicepresidente y consejero de Econom?a y Hacienda del Gobierno aut?nomo, las cosas van a cambiar? para peor.

Soria seguir? disfrutando de esa sensaci?n - que al parecer tanto le place - de estar por encima de la mayor?a de los mortales. Acudir? a inauguraciones, conciertos y audiencias varias, flanqueado por sus tres trajeados y fornidos guardaespaldas. Y para pagar su ?seguridad personal? la Comunidad aut?noma desembolsar? -del dinero previamente sustra?do a los ciudadanos mediante nuestro regresivo sistema fiscal - alrededor de 200.000 euros anuales. Casi 33 millones y medio de pesetas. 135.000 euros se le pagar?n al Ayuntamiento capitalino cada a?o por la cesi?n de los agentes. El resto, se destinar? a pagar los sueldos de unos guardaespaldas que, al margen de abrir la puerta de alg?n coche oficial y alimentar el ego de Jos? Manuel Soria, no creemos que suden mucho ?la camiseta?.

Y es que, como les gustaba repetir a los curas del jesu?tico colegio de Vegeta, cuando alguno de sus alumnos se atrev?a a cuestionar los privilegios de las jerarqu?as, ?todos somos iguales a los ojos del se?or; pero algunos son mucho m?s iguales que otros?.


canariasemanal
Publicado por ubara @ 19:00
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