miércoles, 03 de octubre de 2007


Se quejaban amargamente un grupo de pequeños empresarios canarios de la construcción ante los pocos medios de comunicación que se dignaban a hacerles caso, sobre el mal momento que están pasando debido a la declaración en quiebra de grandes empresas nacionales.



Estas empresas no les pagan lo adeudado por sus trabajos y esto les está abocando a una crisis sin precedentes en la que están siendo embargados y no pueden hacer frente a sus obligaciones, sobre todo con sus trabajadores.



Esta situación no es sino una de las innumerables puntas de iceberg de la falacia en la que nos han hecho vivir en Canarias.



Buena parte de las obras públicas desarrolladas en Canarias han sido adjudicadas a empresas foráneas de grandes dimensiones por unas instituciones gobernadas por partidos que se autodenominan “nacionalistas”, dejando a las empresas canarias la pacata minuta de las subcontrataciones cuando en realidad han sido las grandes artífices de las obras.



Se han llevado una pequeña parte del pastel que apenas les ha dado para cubrir gastos, pagar a sus empleados, realizar “encarguitos” más o menos obligados a amigos profesionales de la política y poco más, y, eso, siempre en el mejor de los casos, cuando no han tenido que soportar situaciones como las que denuncian.



Añaden que dichas empresas continúan desarrollando actividades públicas en Canarias con otra denominación y con el conocimiento de las instituciones canarias.



Muestran incredulidad en la justicia y desisten de acudir a ésta en busca de auxilio, lo cual agrava este sentimiento compartido por buena parte de la ciudadanía canaria.



Critican amargamente a los políticos que han gobernado Canarias tanto en su Gobierno Regional como en el Cabildo tinerfeño, y dicen sentirse engañados por estos.



No es para menos, a pesar de que los han apoyado abiertamente durante años y les han servido de colchón social en base a sus trabajadores para el sostenimiento de un régimen que únicamente ha buscado el beneficio de “lo nuestro”.



Y es que, como ya hemos dicho, sólo se han llevado una parte pequeña del pastel, mientras que han aportado los gastos, las pérdidas y los votos, engañados bajo una capa de barniz de ínfima calidad nacionalista.



Deben saber, que la gran razón por la que esto ha sido de esta manera, es por lo bonito de los maletines que presentan estas empresas, maletines todos ellos de diseño, óptimos para la construcción por estas tierras, y su facilidad para transportar allende las fronteras transnacionales a bellos paraísos en los que disfrutar de sus climas invernales o tropicales y comprobar las construcciones desarrolladas por esos fiscos y aprender de ellas.



Los otros grandes engañados han sido sus trabajadores, presumiblemente votantes en amplia mayoría del partido dominante, y que han visto como los han engañado con unos caramelos en forma de sueldos jamás soñados.



A cambio sólo les han pedido su contribución electoral cada cuatro años y que no piensen más allá de la consecución del caramelo en cuestión.



Lo cierto es que lo que se ha construido en esta tierra en 15 años se podía haber hecho en más de 60, y de una manera ordenada y respetuosa con el medio, reconstruyendo lo que fuese necesario en pro de esa gran empresa de la que todos hemos vivido de una u otra manera, el turismo.



Y para ello no era necesaria la importación de una ingente mano de obra atraída por el verdadero efecto llamada, que ha sido el desarrollismo suicida que hemos padecido y que no presenta otro fin que el de llenar el saco, para luego con las ganancias a buen recaudo, emigrar a paraísos tropicales y otros por explotar, tal y como ya está sucediendo y dejar a los aquí residentes un “hasta luego Lucas”, que si tu te comiste el caramelo y se te picaron los dientes, ese es tu problema, vete al dentista.



Como parte de la falacia se meten con los cuatro negritos que vienen en pateras y que en su inmensa mayoría sólo nos usan como puerta de entrada, a la vez que demandan mano de obra foránea para abaratar los salarios (desde aquí todo nuestro respeto para las personas que vienen a ganarse dignamente su pan, ellos no son los culpables).



Para llevar a cabo todo este imaginado plan, no se han recatado en usar todas las armas y artimañas que se les han puesto a su alcance. Si hay que arriesgar un futuro turístico se arriesga, si hay que obtener peores resultados en puertos y arruinarlos para justificar otros pues se hace, y así poder reutilizar sus terrenos “ecologistamente” en otros negocios, si se necesita jugar con el futuro de estas islas, con su agricultura y su medio ambiente y para ello merodear las leyes, pues se hace.



Estas razones y otras, son las que nos hacen opinar que este sector es el gran engañado porque han aceptado el caramelo envenenado de unos buenos pero momentáneos salarios a cambio del trabajo que podían haber desarrollado durante muchos años, manteniendo en el poder a los autores de semejante jugada.



En fin, TODO SEA “POR LO NUESTRO”.
Publicado por ubara @ 11:13  | opinión
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