Rafael Morales.
Una vez más nos tienen distraídos (o aburridos) atacando a Chávez, algo que también sirve para ocultar los desmanes del gobierno colombiano y la embajada gringa en ese país. Consiguen dar la impresión de que el montaje del presidente Álvaro Uribe sobre el intercambio humanitario con las FARC representó un fiasco para el mediador y no un revés para la paz en Colombia. Por si alguien conserva alguna duda sobre las intenciones de Bogotá desde el principio de este proceso, el ministro de Exteriores, Fernando Araujo, acaba de declarar que Colombia no permitirá más misiones humanitarias destinadas a liberar los secuestrados por las FARC. Nunca las quiso y siempre las torpedeó. Vamos a verlo.
Primer acto. Uribe propone a Chávez como mediador para el canje humanitario cuando la presión popular interna y las recomendaciones internacionales obligaron. Iniciadas a buen ritmo las negociaciones, el colombiano coloca el primer obstáculo: exige que las FARC demuestren antes del 31 de diciembre que los secuestrados están vivos. Las fuerzas de seguridad colombianas detienen a las dos personas encargadas de llevar esas pruebas antes de la fecha impuesta arbitrariamente. ¿Cómo cabe solicitar al jefe de Estado de otro país que lo ayude a la liberación de rehenes para después sabotear su trabajo? Uribe encuentra una disculpa absurda (la supuesta conversación de Chávez con un alto mando militar colombiano) para despedir al mediador, clausurando así la concreción del canje de rehenes de la guerrilla por presos de las FARC inicialmente aceptado por las dos partes.
Segundo acto. Las FARC denuncian la maniobra y declaran el 18 de diciembre que de todas maneras entregará a los tres secuestrados, con el niño Emmanuel incluido, al mediador venezolano. Chávez prepara la operación y convoca a representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador y Francia como garantes y testigos de la entrega de los rehenes. Todo está preparado en la ciudad colombiana de Villavicencio, en el departamento del Meta. Pasan los días, y el previsto para la entrega las FARC envían un mensaje en el que informan sobre la imposibilidad de liberar a los rehenes debido al incremento de los combates con militares en la zona. La Cuarta División del ejército colombiano confirma la existencia de esos enfrentamientos.
Tercer acto. Y en eso aparece Uribe. Él y sus altavoces niegan los combates, dicen que las FARC mienten porque el niño Emmanuel se encuentra en una especie de orfanato de Bogotá y que Colombia no garantiza la seguridad de los garantes internacionales, especialmente del argentino Kirchner y del brasileño Marco Aurelio García. La operación Emmanuel queda clausurada, forzando el regreso a casa de los representantes internacionales. La telenovela siniestra sobre las idas y venidas de Emmanuel, de lógico impacto mediático, carece de peso político como para suspender la operación humanitaria. La guerrilla podía retener al niño en cualquier lugar para entregarlo cuando fuera posible en condiciones de seguridad. Otro asunto es que las autoridades colombianas hayan descubierto su paradero antes. Ya sólo falta que lo entreguen a sus familiares y devuelvan la libertad a los mensajeros que llevaban pruebas sobre la salud de los rehenes.
Chávez va y declara lo siguiente: “Lo importante es que Emmanuel está libre”. La declaración oficial venezolana “formula votos porque en el más breve plazo posible, Consuelo González, Clara Rojas y todos aquellos que se encuentran privados de libertad como consecuencia del largo y doloroso conflicto que afecta al hermano pueblo de Colombia, vuelvan a sus hogares y se reencuentren con sus familiares”. Uribe va y responde que no tolerará más comisiones humanitarias. Lo suyo es la guerra al servicio de la oligarquía colombiana, del ejército corrupto subvencionado por Washington, de los paramilitares asesinos ladrones de tierras y de los planes estratégicos gringos en el patio trasero. La paz posible molesta al presidente Uribe.
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