Martes, 09 de septiembre de 2008

Toño Linares

La globalización y el neoliberalismo son dos hermanos siameses que el siglo XX nos ha dejado como legado. Mientras el primero se encarga de desarrollar procesos en el interior de la economía, a través de la universalización de los medios de comunicación y de algunos valores culturales, el segundo, programa el sistema para que todos se acoplen al proceso impuesto por su pariente.

El neoliberalismo rechaza la intervención del Estado en la economía, despreciando el fundamento de la noción del socialismo real, defendiendo el mercado como única forma para lograr la regulación económica en todos los pueblos. Para ello se hace necesario que los distintos gobiernos sean proclives a esta fórmula, erradicando toda intervención de la administración en el mercado.

Con la intervención en los medios de comunicación es relativamente sencillo el inculcar la idea de que lo privado es más efectivo y rentable que lo público, dejando sin oposición, la privatización de los servicios públicos, ya que éstos por su componente social, es un obstáculo para la finalidad propuesta: “el desarrollo de la economía global”. Pasando a ser el neoliberalismo el mayor y más sanguinario depredador del llamado estado del bienestar.

Los recursos naturales, cada vez más escasos, están gestionados por empresas privadas, sin que se les requiera ninguna aportación social o altruista, que ante la carencia de ideología de las empresas, éstas solo tienen el objetivo de mejorar sus cuentas de resultados, utilizando todos los medios a su alcance. El agua, la energía y el tratamiento de los residuos, han sido el pastel más gustoso donde las multinacionales les han hincado el diente, ocasionando grandes problemas que soporta la ciudadanía. Tampoco los sistemas empresariales tradicionales, se han escapado de la voracidad de este modelo, con la aparición e implantación de grandes superficies, que como el peor huracán ha devastado la red comercial y distribución de la riqueza de los comercios tradicionales.

El apetito voraz que tiene el neoliberalismo no conoce fronteras y, entre sus objetivos se ha marcado los dos grandes pilares del estado del bienestar: La educación y la sanidad. Haciendo que el ser humano pase de ser una persona instruida a un recurso humano y, el enfermo de paciente a cliente.

Este panorama tiene una visión más dantesca en el sur de Tenerife, donde la inexistencia de políticas culturales, sociales y medioambientales, es parte del paisaje selvático en que se ha convertido esta parte de la isla, prevaleciendo la lucha del hombre por el hombre y, campo abonado para la expansión de políticas neoliberales.

La histórica necesidad de un hospital público es el mayor exponente de este perverso sistema en esta parte de la isla. No sólo se fomenta y potencia la sanidad privada, sino que se condiciona el derecho a todos los ciudadanos al acceso a unos servicios sanitarios, que son imprescindibles.

La privatización de los servicios sanitarios ve más allá del hospitalario. El transporte es otro de los sistemas que ha pasado a manos de los complacientes amigos de los que se han instalado en el poder, para mayor gloria de los empresarios sin escrúpulos y máxima desgracia para una humanidad condenada a la muerte social, donde el derecho, la libertad, la solidaridad y la dignidad, han quedado sepultada por el monstruo del poder económico y, sellada por la corrupción.

El número de ambulancias, concertadas por el servicio canario de salud, destinadas al sur de Tenerife, son de 10 más una medicalizada, todas ellas de una empresa privada que obtiene sus beneficios con los desvíos de una parte de nuestros impuestos.

A nadie se le escapa que este servicio es deficitario, generando la aparición, de forma sorprendente, de empresas de transporte sanitarios (Ambulancias privadas), que colocadas estratégicamente se ofrecen para los transportes de enfermos desde la clínica privada del sur al área metropolitana, al precio de 150 euros por traslado. Erradicando el derecho a una sanidad digna, para convertirlo en un privilegio.

Denigrante es el trato a que se ven sometidos los familiares y amigos de los enfermos, que al ver que no llega una ambulancia concertada, opta ante la necesidad y desesperación, por la contratación previo pago, de un servicio de transporte sanitario, el cual debería ser facilitado de forma gratuita desde la administración, con un servicios de titularidad y gestión pública, y nunca utilizarse el sufrimiento, ni la desesperación humana, para el enriquecimiento personal.

La situación es humillante para la sociedad pero insuficiente para la avaricia de este sistema, anunciando que para el año 2009 se pretende reducir este escaso número de ambulancias concertadas, lo que determinará que se impondrá definitivamente, el copago en el transporte sanitario.

La lucha social en defensa de un hospital público para el sur suroeste de Tenerife debe continuar, pero si realmente queremos salvar los pocos derechos que aun nos quedan, debemos luchar contra el neoliberalismo, de lo contrario sería como podar una mala hierba, que volverá a retoñar con más virulencia, de ahí que la única solución sea arrancarla de raíz.

Toño Linares
Presidente de Tagoror Achinech 


Sobre el 'hospital' del Sur y el chanchullo de la privatización de la sanidad en Tenerife

           


Publicado por ubara @ 10:45  | opini?n
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