Mi?rcoles, 24 de septiembre de 2008
Ramon Trujillo*

Creo que fue John Berger quien escribió que la principal característica de los pobres es que son invisibles. Los grandes medios de comunicación españoles han hecho invisible la perspectiva de los millones de venezolanos pobres que han votado a Hugo Chávez, pero se han alineado con la perspectiva de sus detractores. El economista Vicenç Navarro señala que es mucho más fácil encontrar enfoques críticos sobre Chávez en los medios de comunicación venezolanos que enfoques favorables a Chávez en España. "De este hecho podría deducirse que hay más diversidad ideológica en los medios de información venezolanos que en los españoles", afirma.

El respaldo popular conseguido por Hugo Chávez jamás lo ha tenido un presidente español. En 1998, ganó las elecciones presidenciales con el 56% de los votos. En 2000, con el 59% de los sufragios y, cuatro años después, también un 59% de los votantes le dio su confianza en el referéndum revocatorio. En 2006, con un 73% de participación, obtuvo el respaldo del 61% de los electores. El Latinobarómetro de 2007 revela que el 59% de los venezolanos está satisfecho con la democracia, frente al 37% de los latinoamericanos.

Estos datos debieran hacernos reflexionar sobre esa precariedad de nuestra cultura democrática reflejada en el inaceptable apoyo de los grandes medios de comunicación estatales, junto con el Gobierno de José María Aznar, al fracasado golpe de Estado contra la democracia venezolana, ocurrido hace seis años. El principal diario español justificó la detención de Chávez por militares golpistas tildándolo de "caudillo" y "autócrata peligroso", afirmando que "sería bueno" que rindiera cuentas "de sus desmanes autoritarios" y que hubo un "alivio mayoritario ante su destitución". También indicó que Chávez "deberá someterse a juicio" por el asesinato de quince manifestantes que pedían su renuncia. Sin embargo, veinticuatro horas después, El País reconocía que Chávez "cuenta con el apoyo de una mayoría de la población". El inesperado fracaso de los golpistas dejó en evidencia las mentiras del rotativo, incluida la atribución a Chávez de la responsabilidad por la muerte de quince manifestantes, que ahora recaía en "los enfrentamientos entre partidarios y adversarios suyos".

Pero lo cierto es que la demonización de Chávez ha sido tan eficaz que permitió a muchos dar la espalda a la democracia venezolana y apadrinar una aventura golpista. Los creadores de opinión pública han rechazado a Chávez por su negativa a privatizar empresas públicas, su lucha por incrementar los precios del petróleo y sus esfuerzos para que la riqueza se reparta en Venezuela como en Europa. Recordemos que el PIB per cápita venezolano es seis veces inferior al español, pero, según Naciones Unidas, mientras que en España los ingresos del 10% más rico de la población equivalen a nueve veces los ingresos del 10% más pobre, en Venezuela la diferencia es de sesenta y dos veces.

La tarea de poner fin a las grandes injusticias económicas en Venezuela es enorme y complicada. Sin embargo, tanto los cálculos del coeficiente de Gini del INE venezolano como los de la CEPAL muestran que el Gobierno de Hugo Chávez ha reducido las desigualdades en su país. Además, de 2003 a 2007, la tasa de pobreza de los hogares venezolanos pasó del 54% al 27,5%.

En el período 1998-2006, el Gobierno de Venezuela incrementó el gasto público social real por persona un 170%, pasando de representar el 8,2% del PIB al 13,6%. Esto ha posibilitado que hoy el 40% de los mayores de sesenta años cobren pensiones, frente al 16% de cuando Chávez llegó al poder. En el mismo período, la mortalidad infantil bajó de 21,4 por mil nacidos vivos a 14,2. En ocho años, se pasó de 252.000 beneficiarios del programa de alimentación escolar a 1.800.000, y el número de alumnos en las escuelas públicas de primaria creció desde 271.593 estudiantes a 1.098.489. En diez años, el número de médicos de atención primaria en el sector público se multiplicó por doce: de 1.628 a 19.571. Mientras que los salarios cayeron un 20% durante los diez años anteriores a Chávez, durante su mandato el salario mínimo se convirtió en el segundo más alto de América Latina. Se crearon más de dos millones de empleos y el paro se redujo del 15% al 7,6% entre 1999 y 2008. También se contrajo la tasa de empleo informal al pasar del 53,7% del total al 42,9%.

Sin embargo, los resultados socioeconómicos del Gobierno venezolano serían hoy mucho mejores de no haberse producido el sabotaje económico de la oposición. En diciembre de 2001, los empresarios agrupados en Fedecámaras impulsaron una huelga general de la empresa privada contra el Gobierno y, en abril de 2002, colocaron a su presidente al frente del fugaz Gobierno golpista. Entre diciembre de 2002 y febrero de 2003, la oposición llevó a cabo una salvaje huelga petrolera que hizo caer el PIB un 24%, provocó cientos de miles de despidos laborales, un fuerte aumento de la mortalidad infantil por deficiencias nutricionales y un grave deterioro de las condiciones de vida.

Con todo, al final Chávez ganó una batalla muy importante: frenó la progresiva privatización de la empresa petrolera estatal, Petróleos de Venezuela (PDVSA), controló sus recursos y presionó a la OPEP para subir el precio del petróleo (cuando Chávez fue detenido por los golpistas cayó el precio mundial del petróleo). Antes del Gobierno actual, los venezolanos habían estado perdiendo su riqueza petrolera. Así, por ejemplo, los recursos fiscales que Venezuela obtuvo del petróleo en 2000 fueron mucho menores que los obtenidos en 1980, a pesar de que los ingresos petroleros fueron muy superiores. Pero el Gobierno de Chávez recuperó la riqueza petrolera del país para la mayoría y, desde que logró el control de PDVSA, la economía experimentó un intenso crecimiento. En 2006, PDVSA financió un gasto social que supuso el 7,3% del PIB, lo cual, sumado al 13,6% del gasto público social, hizo que el Estado empleara el 20,9% del PIB en gasto social, un 314% más por habitante, en términos reales, que en 1998.

Por supuesto, el Gobierno de Chávez también ha cosechado fracasos en cuestiones como la seguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción. Pero lo importante ha sido su exitoso empeño en redistribuir mejor la riqueza, mejorar las condiciones de vida de la mayoría, lograr el control estatal del petróleo y tener voz propia frente a las injerencias de Washington. Y lo ha logrado pese a las aventuras golpistas y desestabilizadoras de buena parte de la oposición y pese al brutal sabotaje económico practicado por quienes nunca aceptaron que el pueblo venezolano ya no quería más de lo mismo.


* Ramón Trujillo es coordinador de Izquierda Unida en Tenerife ([email protected]).

Publicado por ubara @ 16:26  | opini?n
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios